En los últimos meses las rutinas han cambiado, frecuentar a nuestros afectos más cercanos es de forma distante, con protocolos para preservar la salud y en muchos casos no tener a las personas que más queremos cerca, promueve la sensación de soledad.

 

El uso de recursos a la mano, construyó un puente. Los dispositivos móviles tomaron protagonismo, las llamadas y los videos con más frecuencia se hicieron la nueva plaza, al punto de hasta celebrar cumpleaños por la plataforma zoom. En la primera fase de cuarentena cuando los controles eran más estrictos, la ausencia de contacto físico, así sea ver a la persona a 2 metros de distancia,  trajo tristeza. Aunque hoy la flexibilización permite compartir siempre y cuando sea reducido el número de personas, es una realidad que durante todo el proceso del aislamiento social permanecer en contacto con la “familia que elegimos” trajo alivio.

 

“Freud sostiene que un fuerte egoísmo, bien entendido, preserva de enfermar pero que al final tenemos que empezar a amar para no caer enfermos. Podemos decir entonces que el amor producto de la amistad actúa como bálsamo que alivia las heridas de la vida cotidiana. La amistad nos rescata del ensimismamiento, para compartir nuestra intimidad con otros”, así nos introduce al tema Laura Soledad D’Stefano, Licenciada en Psicología, Psicoanalista de adolescentes y adultos.

 

-En tiempos de aislamiento ¿cómo manejar el sentimiento de soledad?

En tiempos de aislamiento, todo se potencia, el tiempo libre y la aparente falta de un horizonte que nos indique qué pasará, cuándo cesará esta situación, si estaremos sanos o no al terminar este proceso, la incertidumbre económica, etc. puede llevar a momentos de profunda angustia, soledad y tristeza. Esto es algo normal. Aun así, si estos estados emocionales se presentan muy a menudo, recomiendo acudir por ayuda terapéutica. Dicho esto, el recurso a la palabra siempre brinda alivio: poder conversar sobre todo aquello que sentimos con las personas que comparten nuestra vida, nuestra familia, amigos, suele funcionar  como efecto “mágico” o de “ensalmo” al que Freud refiere cuando  habla de “la cura por la palabra”. Las palabras tienen una acción real efectiva sobre el padecer. Lo mismo sucede al tener contacto con seres queridos a través de llamadas telefónicas fluidas y redes sociales, que conserva la cercanía del vínculo a pesar de la distancia física.

 

-¿A qué nos enfrenta este nuevo paradigma de las amistades virtuales?

Existe una tendencia a confundir la amistad con otros tipos de vínculos, tales como compañerismo, camaradería o simplemente se usa para denominar a “conocidos” virtuales o circunstanciales. Y es así como puede denominase amistad a un vínculo que no lo es. Las redes sociales son actualmente una fuente de contacto con el mundo y con los otros, eso es innegable. Pero debemos tomarlo como tal, una puerta, una vía para generar  potenciales amistades. Quizás lo sean luego de transcurrido el tiempo y compartir experiencias. En estos tiempos donde todo es rápido, fugaz, suelen establecerse, como consecuencia, relaciones fugaces.

Durante la pandemia hay amistades viejas que se retomaron a distancia ¿qué crees que lo motiva?

En estos tiempos de incertidumbre, de angustia, de no saber qué nos depara el futuro, debido a una pandemia mundial que ha movido las bases de la economía y de la vida social tal como la conocimos, encontrarse con aquellos otros, aquellos amigos, que nos conectan con experiencias compartidas del pasado, nos da la idea de seguridad. Recordemos que un amigo, y con más razón amistades viejas, no invita a través de las palabras, de la conversación y el relato, a lugares conocidos donde nos sentimos cómodos, a gusto. Y esto es fuente de placer.

 

-En cuarentena el estado anímico ha sido muy cambiante ¿cómo estar presentes en la vida de nuestros amigos/as sin ser tóxicos?

La expresión “ser tóxico o tóxica” ha tomado vigor en los últimos años. Entiendo que refiere a relaciones no sanas, relaciones de posesividad que llevan a un gran desgaste emocional debido a la dependencia mutua. En general este tipo de vínculos no abunda en las amistades, sino en vínculos de pareja o familia. Aunque puede pasar. La amistad, en general, suele ser la más libre de las relaciones humanas, ya que aflora desde la elección libre y sin presiones, sin una legalidad que la regule. Y aquí radica la importancia de su existencia. Es una relación basada en la confianza, el afecto y la “benevolencia recíproca”, como afirmaba Aristóteles. Nadie está obligado a tener amigos o a ser nuestro amigo. La amistad pertenece a la lógica del don: no es un acto de mi voluntad; no decido ser amigo de tal o cual, sino que acontece.

 

“Un amigo es uno mismo en la piel de otro” – Atahualpa Yupanki – 

 

-Una amistad se nutre los momentos compartidos.

-Las vivencias van más allá de pasar el tiempo sino atravesar etapas de la vida.

-Los momentos de alegría y de tristeza compartidos construyen un lazo de unión real, generando identificaciones comunes.

-Cuando nos encontramos con un amigo los recuerdos y emociones compartidas se actualizan, profundizando el vínculo. Es posible uno reconocerse en esa persona.

La familia que se elige

De acuerdo a la especialista “la amistad es una hermandad elegida, donde los lazos consanguíneos son reemplazados por lazos sublimatorios. Donde se desactivan los deseos edípicos y fraternos puestos en marcha por la aspiración fálica de alcanzar ser el heredero único y el preferido hijo-a de un padre-madre. Esto significa que en la amistad se establecen relaciones de objeto exogámicas. Una relación despojada de celos, rivalidades y competencias. Una relación libre de vínculos donde está en juego el poder. La amistad tiene una función primordial durante toda la vida, pero fundamentalmente en la adolescencia y la vejez, porque posibilita romper con el abuso de poder vertical ejercido por los padres o hijos, según la etapa de la vida. Según Aristóteles la amistad es “una virtud o va acompañada de virtud; además es la cosa más necesaria de la vida” y esto no asombra, ya que la amistad es un acontecimiento de amor y también de libertad, que posibilita la singularidad del ser y fortalece nuestra identidad.”

 

Especialista consultada: Laura Soledad D’Stefano, Licenciada en Psicología egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Psicoanalista de adolescentes y adultos. MP 1851 – MAIL de contacto: lauradstefano@gmail.com

 

Por: Leomarys Ñañe

Foto: Web

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