"Aunque se niegue una y mil veces, en la Argentina se acabó el tiempo de las vacas gordas. Lisa y llanamente: la plata no alcanza. Y tampoco se puede seguir dándole a la maquinita de hacer billetes sin que se descontrole la inflación".
La economía argentina se encuentra en un proceso de desaceleración. Esto queda en evidencia a través de todas las variables e indicadores, sean o no oficiales, al margen de los argumentos que se empeñan en sostener que es "el Mundo" el que se cae sobre la Argentina.
Ante esta situación, la administración de Cristina Fernández tomó una decisión clara en el plano doméstico: tercerizar el ajuste y, sobre todo, que sus costos lo paguen otros.
Ese ajuste que, tarde o temprano, terminará por afectar a todas las áreas de la administración pública, tanto nacional, como provincial o municipal.
El caso más notorio es el de la provincia de Buenos Aires, donde además de lo económico se dan fuertes condimentos políticos.
Los habitantes de la Casa Rosada descubrieron ahora, después de nueve años, que Daniel Scioli no sería un buen administrador, que no gestionaría bien, que utiliza el formidable aparato de la provincia para cimentar su imagen y eventual candidatura a la Presidencia de la Nación y que, como dijo Julián Domínguez, como no es parte de la "historia política de la provincia" los problemas financieros persistirán.
¿Es posible que el haber hecho público Scioli su interés por ser candidato en el 2015 haya sido el detonante de semejante crisis?
Quizás ésa haya sido la causa. Pero la razón de fondo es, aunque se niegue una y mil veces, que en la Argentina se acabó el tiempo de las vacas gordas.
Lisa y llanamente: la plata no alcanza. Y tampoco se puede seguir dándole a la maquinita de hacer billetes sin que se descontrole la inflación.
Los Kirchner se jactaron siempre de su negativa a realizar ajustes. Y ahora, que llega el momento de revisar los gastos, controlar las erogaciones, o el eufemismo que se quiera utilizar para referirse a la necesidad de ajustar las cuentas, la decisión es clara: Que lo hagan otros y que otros sean los que paguen los costos. Pero las consecuencias de esta nueva política difícilmente queden dentro de los límites bonaerenses. El propio Scioli se encargó de recalcar que Buenos Aires "no es una provincia más" y que lo que pasa allí "tiene repercusión nacional e internacional".
Desde la Nación se bajaron discursos acerca de la necesidad de ser "creativos" a la hora de buscar recursos o de ser "eficientes" y "responsables" en el gasto.
¿Es creativo sostener una base impositiva cuyo sustento viene de la Década Infame (la verdadera, la de 1930) o de lo peor de las políticas de Domingo Cavallo?
Porque dos de las cuatro principales fuentes de ingreso con las que cuenta el Estado Nacional provienen del Impuesto a las Ganancias, establecido en 1932 por el gobierno Agustín P. Justo, y el Impuesto a los Débitos y Créditos o Impuesto al Cheque, establecido por el Cavallo en el 2001.
La Casa Rosada descubrió, recién ahora, que Scioli no administra bien. De la misma forma que descubrió, ahora, que Hugo Moyano "extorsiona".
Relatos al margen, la realidad indica serios problemas económicos en todos los ámbitos, aunque por ahora sólo se quiera ubicar a Scioli como centro de la crisis.
Otros distritos atraviesan una delicada situación. Córdoba analiza la emisión de cuasimonedas. Varias provincias tuvieron que tomar medidas excepcionales para pagar en tiempo y forma los sueldos. Santa Cruz afrontó serios problemas con sus policías y estatales.
Todas, no obstante, tienen algo en común. Dependen de las arcas de la Nación para un normal funcionamiento. Y lo ocurrido en Buenos Aires es una muestra de hasta qué punto puede afectar a un distrito que le cierren la canilla de los fondos.
Es cierto que existe una asimetría en el reparto de los fondos coparticipables (la provincia de Buenos Aires recibe la mitad de los fondos que aporta a la Nación), pero también lo es que esa situación existía desde antes. Y la administración Scioli recién ahora sale a reclamar por ello.
En la oposición sostienen que el kirchnerismo envía menos dinero a las provincias, argumentando que la recaudación crece menos que en años anteriores, y luego les recomienda que "gestionen" y "se arreglen".
Es claro que en este sistema hay provincias favorecidas y desfavorecidas a través de los dineros discrecionales cuyos detalles son desconocidos.
Pero la Nación no sólo terceriza el ajuste, y sus consecuencias, a las provincias. También lo hace con los trabajadores que, gracias a la inflación, se convirtieron en fuente importante de recaudación.
La no actualización de las variables por las que se cobran los impuestos ya es un clásico de esta gestión. A los mínimos para el pago del impuesto a las Ganancias habría que sumarle los topes para percibir asignaciones familiares, las escalas de autónomos y monotributistas.
El denominador común es el no reconocimiento de la inflación, que se convirtió en una fuente de financiamiento a costa de de los que menos tienen.
La exposición del jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina en Diputados dejó bien claro este mecanismo. No mencionó la inflación, se ofuscó cuando le preguntaron por el INDEC ("córtenla con eso") y enfatizó que "los argentinos viven cada día un poco mejor".
La obsesión por controlar "el mensaje" lleva a los funcionarios del gobierno a darle una importancia inusitada a lo publicado y a no contestar, a no dar precisiones sobre los problemas reales.
Además, las medidas que se adoptaron para enfrentar la crisis (cepo al dólar y restricciones a importaciones) lejos de ayudar, provocaron una profundización de la desconfianza en el modelo.
En palabras de analistas políticos, la pelea política "acelera la desaceleración" de la economía. Las disputas empeoran la situación.
Daniel Scioli, que en los últimos días tuvo que enfrentar paros, marchas, reclamos judiciales, debió anunciar el envío de un proyecto para declarar la Emergencia Económica y Financiera, para evitar los juicios y disponer un recorte de gastos que incluyen aportes a escuelas privadas y el freno a nuevas obras públicas.
En la conferencia de prensa que brindó en La Plata, el gobernador dio varias definiciones, entre las cuales, quizás, la más importante sea que habló con la Presidenta y que encontró "la predisposición de seguir trabajando juntos". Sin embargo, su vicegobernador Gabriel Mariotto no estuvo presente en la rueda de prensa.
Pero Scioli también marcó, con su estilo particular, claras diferencias de estilo con la Casa Rosada. En primer lugar, brindó una conferencia de prensa para dar explicaciones de la delicada crisis que atraviesa. Ese mecanismo es negado sistemáticamente por los funcionarios nacionales. Scioli sostuvo que cree "en la libertad de prensa" y en el rol de lo medios para comunicar.
Además tuvo palabras que, por el sólo hecho de la comparación con las actitudes asumidas desde la Nación, reflejan la diferencia que existe. Dijo: "No somos omnipotentes ni decimos que está todo bien". Destacó la "responsabilidad y prudencia de los líderes opositores". Afirmó: "La gente tiene razón en reclamar". Sentenció: "La huelga es un derecho constitucional que hay que respetar". Deslizó: "La Nación habrá recibido menos recursos" y por ello envió menos dinero a la Provincia.
Las diferencias saltan a la vista. Alcanza con repasar las posiciones nacionales en estos temas.
Ernesto Behrensen
Agencia DyN
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