Catriel25Noticias.com schroeder Adiós Herman Schroeder, pionero con todas las letras Uncategorized    El doctor, que dedicó su vida a la medicina, falleció ayer a los 75 años.

Luchó hasta el final, como toda su vida, y ayer se despidió dejando su ejemplo de trabajo, sacrificio y perseverancia. El doctor Herman Schroeder -presidente y fundador de la Fundación Médica de Río Negro y Neuquén- falleció ayer a la madrugada, a los 75 años. Fue un precursor en la región de los avances del diagnóstico por imágenes, la cardiología y el tratamiento del cáncer. Fue un trabajador incansable que dedicó su vida a la medicina hasta el último día.

Hijo de inmigrantes alemanes, Herman nació en una chacra en Cuatro Esquinas, en Cipolletti, Río Negro, el 21 de agosto de 1939. Aprendió sus primeras letras en escuelas primarias de Contralmirante Cordero y de Cipolletti. Estudió en el Colegio Ward de Ramos Mejía, en Buenos Aires, y la carrera de Medicina en la Universidad de Córdoba. Allí conoció y se casó con Graciela Magdalena Demo.

Especializado en cirugía, desarrolló su carrera profesional en la ciudad de Cipolletti. Su visión de futuro y empuje lo llevaron a participar desde muy joven en la actividad gremial empresaria acompañando el desarrollo de las primeras obras sociales en la Patagonia, como integrante de la Confederación General Económica en la década del ‘70. Mantuvo esa vocación hasta el día de hoy, integrando ad honorem un comité en la sociedad de garantías del Banco Nación, Garantizar.

En los medios

A partir de su espíritu emprendedor e incansable, incursionó en otros ámbitos empresariales, abordando el mundo de las comunicaciones, a través de LU5, la emblemática radio AM neuquina, y el diario LM Neuquén. También se dedicó al desarrollo de los emprendimientos frutícolas y vitivinícolas de San Patricio del Chañar, a través de sus empresas Pincen y María y Adelina SA, bodega productora de los vinos Saurus y Familia Schroeder, reconocidos hoy internacionalmente por su excelencia.

Su actual proyecto está en marcha en el Parque Industrial de Neuquén: un centro de investigación y tratamiento de cáncer dotado de la más moderna tecnología, en colaboración con el Invap.

Su familia fue su fortaleza. Su esposa y sus cuatro hijos acompañaron desde un comienzo su crecimiento personal y empresario, compartiendo el esfuerzo y los logros, y consolidando un proyecto por el que hoy transitan sus catorce nietos, en una imagen que ya es todo un símbolo de la figura del doctor Herman Schroeder.

Se lo va a extrañar en la cena de los miércoles
Mario Cippitelli
Periodista
En el grupo le decían el Alemán, algunos Herman y otros -como sus hijos-, Doctor.
A Herman Schroeder lo conozco desde hace muchos años, pero en realidad había empezado a tratarlo mucho más durante las cenas que organiza un grupo de pescadores desde hace 50 años y las que yo frecuentaba cada tanto como invitado.
De aquel grupo “fundador” de las cenas de los miércoles quedan muy pocos. Tal vez uno o dos. Pero los hijos y los nietos de aquellos pioneros comenzaron a tomarlo como propio ese quincho cipoleño que los viejos construyeron para tener un lugar de reunión.
En aquel ambiente de camaradería se mezclan, charlan, comparten experiencias y hasta analizan la actualidad. Personajes pintorescos comen, chupan y hasta disertan cuando el tema de conversación es “serio”. Sabiondos y suicidas, como dice el tango porque más de uno -especialmente los más viejos- no está para tantos excesos.
En esa fauna variopinta se imponía la presencia del Alemán, un tipo alto, grandote, de voz firme y frases de sentencia que cuando llegaba al quincho parecía dejar de lado esa apariencia de gruñón y era uno más entre los más jóvenes que hasta se animaban a tutearlo y a “gastarlo” con la irreverencia que suelen dar la amistad y los vinos.
Herman era una rara mezcla de alemán y gaucho patagónico, un personaje que imponía respeto, pero que a la vez era campechano y solidario con sus amigos. No había cena en la que estuviera ausente su chiste o la ocurrencia y las carcajadas profundas o las calenturas cuando se disparaba la polémica de la política. Herman, el Alemán o el Doctor, se fue ayer como ya se fueron otros viejos que alguna vez ocuparon la mesa del quincho, por lo que las cenas venideras no serán como antes.
Sin embargo, el próximo miércoles lo amigos levantarán la copa en su honor. Será una forma de celebrar un ciclo de vida que se cierra. Será una manera de despedir a un viejo amigo.

Demetrio Thalasselis
Director médico del Instituto Cardiovascular del Sur
Herman Schroeder fue uno de los pioneros en materia de salud en la región. Su esfuerzo de más de medio siglo de trabajo comprometido con la medicina y la innovación tecnológica quedó plasmado en cada rincón del Instituto Cardiovascular del Sur.
Ayer se fue un hombre de una inteligencia plena y una gran capacidad de gestión. Herman tenía una excelente visión de la medicina, los progresos en salud y, como todo buen viejo, nos sabía aconsejar a los jóvenes.
Lo conocí a los 27 años cuando me fue a buscar al Instituto Modelo de Cardiología de Córdoba, en el que estaba trabajando. Yo era muy joven y nos ofreció trabajar en su clínica con toda libertad y confianza, para que desarrollemos un proyecto de medicina cardiovascular. Cuando empezamos teníamos cinco camas, dos cardiólogos y, en base al apoyo que recibimos, pasamos en poco tiempo a ser 30 cardiólogos que atendemos en 50 camas de internación. Hoy, hay tres quirófanos funcionando, se practican alrededor de 300 cardiocirugías por año a cielo abierto, más de 40 procedimientos de angioplastia mensuales y se cuenta con tecnología diagnóstica avanzada. En ese contexto, crecimos profesionalmente y como personas a la par de esta institución.
Recordaremos a Herman como un precursor en el desarrollo de la cardiología de la región de la Patagonia. Una persona con convicciones claras respecto al desarrollo científico y tecnológico y un empresario que supo poner al servicio de las comunidades de Río Negro y Neuquén una institución que presta un servicio con medicina de alta calidad. Con su apuesta a la mejor inversión en tecnología y recursos humanos, logró resultados de primer nivel en certeza diagnóstica y éxitos terapéuticos.

Un gran dolor por un gran compañero
Julio Arriaga
ex médico del hospital y ex intendente de Cipolletti.
Herman fue un empresario muy exitoso y uno de los grandes del club Cipolletti, pero yo no puedo recordarlo de otra forma que no sea solamente personal. Compartimos muchos años las guardias de los martes en el hospital, pasábamos las 24 horas juntos y eso hizo que conociera todo de su vida, que compartiéramos muchísimas cosas y experiencias, con gran compañerismo. Siento un profundo dolor, porque no fuimos amigos íntimos, pero teníamos una relación fuerte que mantuvimos durante el paso del tiempo por eso cada tanto nos juntábamos a tomar un café en la clínica. Yo no tengo otra visión que él como persona, aunque está claro que se fue un empresario muy importante de la ciudad y alguien que peleó mucho por el club. Él, que presidió muchos años la comisión de natación, y Lolo Rodríguez Ferrari –otro médico que ya murió- hoy son los anónimos del club y en realidad fueron muy grandes. Siento un gran dolor, lo conversaba con mi hijo, realmente después de compartir tanto, siento un gran dolor.

Era uno de esos soñadores que concretan las obras
Orlando “Tato” Mocagatta
ex entrenador del Club Cipolletti y la selección argentina.
Herman era uno de esos soñadores que concretan las obras y, en mi caso, fue uno de mis grandes maestros. Estuve a punto de dejar de trabajar en la natación, pero él y Lolo Rodríguez Ferrari me convencieron de seguir porque me mostraron la proyección de un deporte diferente. Él tuvo la visión, la convicción y el empuje para transformar la natación, pero no sólo de Cipolletti sino de la provincia y a nivel nacional porque ayudó a cambiar esa visión corta por proyectos de mediano y largo plazo y desde la ciudad se pobló la selección argentina y se empezaron a lograr podios y títulos internacionales.
Estoy muy dolido, compungido, porque perdimos a alguien por quien tenía un gran afecto, un pionero de la natación, con gran vocación por el trabajo comunitario. Él fue uno de los motores de la pileta techada de Cipolletti y de muchas otras cosas pensando en la gente.
Compartimos varios años, desde 1981 cuando me vino a buscar a Plaza Huincul, hasta el ‘89. En el último tiempo sólo nos cruzábamos en aeropuertos, pero era como si el tiempo no hubiese pasado porque compartí con él, de alguna u otra manera, todo lo que viví en la natación. Todo lo que aprendí de la natación fue de él y de Rodríguez Ferrari. Lo lloré a Lolo y ahora me toca llorarlo a Herman, un gran maestro de esos que concretaban todo lo que se proponían porque tenían siempre un empuje enorme.

Siempre estuvo para ayudar, sin que lo llame
Miguel “Cacho” Diocares
impulsor del gimnasio de box Vicente López, del San Pablo.
Hace 14 años empecé con el gimnasio y él fue el único que se acercó solo, sin que lo llame ni le vaya a pedir, y siempre estuvo para colaborar. Me acuerdo de que vino a ver qué estaba haciendo, por qué limpiaba el viejo galpón que ni vidrios tenía. Y le gustó la idea de que abriéramos un gimnasio para ayudar a los chicos y al mismo tiempo mejorar esta parte del barrio San Pablo. Por eso colaboró desde el principio y cada tanto venía, me pedía que no me pierda y me invitaba a tomar un café. Cuando les conté a los chicos también se pusieron tristes porque nosotros hacemos las cosas bien, boxeamos a través de la Federación Neuquina y Herman siempre nos ayudó con los estudios médicos para que puedan hacerlo y otras cosas, hasta nos ofrecía apoyo económico aunque sabía que no lo íbamos a aceptar. Ésas son cosas que debería hacer el Gobierno y que hay muchas otras personas que también pueden, pero lo hacía solamente él y se lo agradezco. Sé que le gustaba el box, porque charlábamos, pero más le gustaba que le diéramos una mano a los pibes. “Esta es una obra de Dios, dale para adelante”, me dijo una vez y siempre me alentó a seguir trabajando. Estoy muy triste porque ya no lo voy a ver, pero prometo que no voy a bajar la guardia, que era lo que él me pedía cuando veía que podía abandonar.

Corría detrás de cada paciente
Marta Milesi
ex directora del hospital de Cipolletti y legisladora provincial.
Me cuesta mucho hablar, desde que a la mañana bien temprano me mandaron un mensajito para avisarme que había fallecido. Él y su esposa fueron la familia que no tuve en Cipolletti, muy importantes para mí cuando mis hijos eran chicos. Compartimos mucho tiempo el hospital de Cipolletti, donde él era jefe de Guardia los martes. Yo no trabajaba ese día, pero como muchos, esperaba ansiosa por que llegue ese día para escuchar las historias y los consejos de él, entre otros médicos, porque tenía una gran formación pero también una gran sensibilidad como persona, detrás de esas características tan alemanas de seriedad, rigidez. Me acuerdo de que cuando yo era directora del hospital él tuvo un preinfarto y quería renunciar, nosotros lo convencimos de seguir para que tuviese su jubilación. Después se convirtió en un empresario, con la mejor clínica de imágenes de la Patagonia, y seguramente no lo necesitó pero siempre estuvo agradecido de ese gesto, de que nos hubiésemos preocupado por él.
Tengo muchos recuerdos, pero me quedo con el profesional que me solucionaba todos los problemas con los pacientes, porque iba corriendo detrás de cada persona que tuviese un problema, algo que mantuvo en la Fundación Médica, donde atienden a todos por igual y con excelencia científica, yo lo sé por mi enfermedad, que la superé gracias a ellos.
Las personas que uno quiere se van de viaje y yo creo que así será con él, al que el fallecimiento de su esposa lo golpeó, sin dudas. Yo voy a estar para sus hijos, como ellos estuvieron siempre para mí, porque fueron mi segunda familia.

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