Catriel25Noticias.com alergias Alergias: qué provocan y cómo enfrentarlas Uncategorized    La llegada de la primavera significa para muchos la llegada, además, de las molestias en la nariz, los ojos y la boca. Es la época en que es imperdonable olvidarse los pañuelitos en casa. Ocurre que el cambio de estación es el momento en que afloran, sobre todo, las enfermedades respiratorias, como la rinitis alérgica o el asma, y cuando sus síntomas se agudizan.

La rinitis provoca estornudos, ojos llorosos, picazón de paladar y oídos, congestión nasal, tos y dolor de garganta. Todas complicaciones que vienen de la mano, sobre todo, de la floración y la proliferación del polen en el aire, y la exposición a otros alérgenos (las sustancias que puede inducir una reacción de hipersensibilidad), como los ácaros en el polvo, la contaminación ambiental, los animales y, aquí en la región, las cenizas volcánicas.

En realidad se trata de sustancias que para el común de la gente son inofensivas, pero que en el caso de los alérgicos -o atópicos, como se les llama- el sistema inmunitario reacciona de manera desproporcionada, tratándolas como un “agente invasor”.

Por eso, y según explica la neumonóloga Cecilia Serafini, cuando una persona con rinitis alérgica inhala alguna de estas sustancias, el cuerpo libera químicos como la histamina (que es la que interviene decisivamente en las reacciones de hipersensibilidad inmediata). Y por eso produce los síntomas que comúnmente confundimos con los de la gripe.
“Esto sucede porque las dos tienen los mismos liberadores, como es la histamina”, resalta la especialista de la Fundación Médica de Río Negro y Neuquén, que, sin embargo, aclara que las “virosis” como la gripe son contagiosas, mientras que la rinitis es una condición genética, es decir que hay una cierta predisposición a desarrollarla. Generalmente se exacerban en las mismas épocas.

 

Compañeras

Por el lado del asma, se trata de una enfermedad inflamatoria crónica de la vía aérea, multifactorial, de base genética y atópica, en la que también influyen mucho la interacción con el medioambiente -como las cenizas y el frío- y otros factores, como el ejercicio, el tabaco, la obesidad y el embarazo.

Entres sus síntomas, “que pueden ir de leves a severos según el compromiso de la vía aérea”, según resalta Serafini, aparecen los “silbidos” y la presión en el pecho, las dificultades para respirar y la tos.

Y aunque asma y rinitis no son lo mismo, estas enfermedades coexisten frecuentemente.

Los estudios epidemiológicos demuestran que el 80% de los pacientes con asma presentan una rinitis asociada. E, incluso, que de los pacientes que presentan rinitis alérgica, entre un 20 y un 40% es probable que vayan a desarrollar un asma alérgico.

Por eso, al evitar el contacto con aquellas cosas que nos provocan alergia, podemos prevenir una crisis asmática.

¿Cómo? Con acciones simples como mantener la higiene de la casa, evitando las habitaciones alfombradas o los muebles que acumulen demasiado polvo, cambiando frecuentemente los filtros de aire del auto y la casa, evitando el uso de perfumes, alejando el área donde comen o duermen las mascotas y disminuyendo las tareas al aire libre.
“Tanto las rinitis atópicas como él asma bronquial no se curan, pero sí se controlan con tratamiento específico, educación y medidas preventivas. Y si se realiza un seguimiento médico adecuado -concluye la especialista-, las personas pueden realizar una vida normal”.

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