Poner PLAY y escuchar FM ALAS 95.1

Hablo con Lucía y la miro a los ojos. No logro entenderla del todo, pero me emociona.

En un pequeño poblado como Realicó, donde nos conocemos todos los poco mas de 10.000 habitantes, lejos estoy de alejarme emocionalmente y tomar profesionalmente la historia en cuestión.

Mucho mas habiendo conocido a Lucía Oddone (30) desde su nacimiento y a toda su familia desde el mío, ya que su casa y la mía de la infancia se encuentran pegadas, literalmente, en el Barrio Arturo Illia de esta localidad pampeana.

Por lo tanto conozco además su dura historia personal reciente, cuando ella perdió a su hermano Juanjo («El Colorado», por su roja y libre cabellera) y yo al entrañable amigo de la infancia que fue.

El prólogo sirve para explicar alguna de las razones que me cruzan internamente al conocer su lucha, sus sentimientos.

Y al ver un video que posteó en su cuenta de la red social Instagram, en el que la veo llorar desconsoladamente al concluir una tarea enorme, es cuando me atraviesan cientos de sensaciones y decido publicar el artículo.

En un país donde el consumir carne es no solo una cuestión alimenticia, sino además tradición (lugar en el que me inscribo), ella es vegana. Y desde hace un tiempo decidió ponerle cuerpo y alma a la lucha en defensa de los animales.

«Si no consigo $27.000 en dos meses a El Colorado el sábado lo trasladan a un campo de engorde y lo van a vender a un matadero», posteó en el mes de Julio en @elcoloradorealico».

El Colorado es un novillo, un joven animal vacuno, que Lucía visitaba todos los días en la quinta en la que se encontraba. Lo hacía junto a su pequeña hija y su pareja. Llevaban alimento, lo acariciaban, cepillaban y le hablaban. Hasta que se enteró que había sido vendido y decidió pedir ayuda en las redes sociales.

En pocos días juntó el dinero con donaciones de distintos puntos del país, con personas que se emocionaron con la historia.

«Busqué al comprador, tuvimos una charla, por suerte una persona con la cual pude dialogar y entendió lo que sentía desde el momento cero, moví cielo y tierra para salvarlo de la explotación, para que solo reciba amor. Mis condiciones me dan para rescatar solo a El Colorado, pero espero poder seguir en este camino y poder rescatar a muchos animales más, no es fácil pero se va a poder. No me voy a quedar quieta nunca más, ellos nos necesitan un montón, somos su voz», escribió.

Y pudo comprar el animal al que hace unos días logró trasladar a una quinta ubicada al sur de la localidad. La imagen de ese momento, en el que recibe al animal en su nuevo lugar, abrazándolo y hablándole con tanto amor, emocionan y me llenan de fuertes contradicciones internas.

El Colorado lleva el mismo apodo que Juanjo, su hermano.

Lucía relata que hubo una energía, una conexión muy fuerte con el animal que viene corriendo rápidamente a su encuentro cada vez que la ve. Hay decenas de videos en su muro que lo muestran.

«Me volví de Buenos Aires hace casi 2 años (adonde había ido a cursar estudios), hace muchísimos años que estoy en la lucha para que la gente tome conciencia que los animales no deben ser explotados, incluso en mi adolescencia era la loquita que no comía carne. Vine con intenciones de hacer algún movimiento copado en la provincia del “asado”. No me gusta quedarme de brazos cruzados y ver como las cosas pasan. Quiero armar un refugio/santuario. El Colorado era muy «chúcaro» y no se le acercaba a nadie. Y a mí se me acercó, tuvimos una conexión increíble», dice.

Y agrega que «me pasó algo muy personal desde que hace un año perdí a mi hermano. El Colo también era «chúcaro» y fue el primero en apoyarme en todas estas cosas. Cuando me dijeron que iban a vender a El Colorado como novillo de engorde y en tres meses lo iban a engordar y mandar al matadero me desesperé. Compré un terreno chico y pensé en cerrarlo y por lo menos tenerlo ahí».

Por último cuenta que quiere «poner en marcha un proyecto, esperando algún apoyo municipal con un terreno en el que se pueda realizar un santuario educativo de animales lejos de la explotación».

La sigo mirando a los ojos mientras me relata. Tiene lágrimas en los ojos de emoción cada vez que cuenta lo que siente y se enfervoriza al hablar de su lucha.

Termina la nota, en la que hablamos largo y tendido. Me abraza muy fuerte y cariñosamente y me recrimina afectuosamente mi elección alimenticia.

Ella también es una linda colorada.

Y también lindamente «chúcara».

Por Luis Matías González

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.