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En el último mes y medio, las denuncias al INADI aumentaron considerablemente: casi un 50%. La intolerancia a personas asiáticas se incrementó, al igual que la discriminación a todas las personas que tuvieron contacto con el virus.

Un insulto, una negativa, una nota amenazante en el ascensor o una agresión son algunos ejemplos de lo que ha ocurrido en el país desde que se registró el primer caso de Covid-19.

En este contexto, las denuncias por actos de intolerancia crecieron cerca de un 45 % y el abanico de víctimas de la discriminación no solo mutó, sino que también se amplió. Desde la llegada del virus a Argentina no solo afloró la xenofobia, sino que apareció la discriminación a trabajadores de la salud, a personas recuperadas tras haber tenido COVID-19 y a familias monoparentales.

«El virus chino».

A principios de marzo, se conocieron diversos casos de ataques a supermercados chinos, negaciones de mercadería y actos de discriminación a personas con rasgos asiáticos. Eva Blanco (O Lu Xia) es escritora, vive en el país desde 2011 y, antes del aislamiento, cuando el coronavirus todavía no había llegado a Argentina fue víctima de la xenofobia. «Estaba en el aeropuerto, voy a sentarme en una banca y la gente me miraba. Una señora se iba a sentar, dijeron  ‘tené cuidado es china’ y entonces se fue», contó a El Destape. Los actos se repitieron.  Amigos y compañeros de ella también sufrieron por personas que, por ejemplo, no se querían subir con ellos al mismo ascensor.

Las estadísticas revelan que los actos de xenofobia contra ciudadanos chinos residentes en Argentina y personas con rasgos asiáticos están en el primer lugar entre las denuncias que recibió el INADI en tiempo del coronavirus.  El director Nacional de Asistencia a la Víctima, Demian Zayat, comentó que «al principio se notó un patrón de hostigamiento contra personas asiáticas, justamente porque muchos decían que de allí venía el virus».

Desde diversos sectores se ha querido imponer al COVID-19 como «el virus chino».  De hecho, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dicho una y mil veces, con su  verborrágico lenguaje, esta afirmación.

En Argentina, varios medios de comunicación repitieron este concepto. Blanco, al respecto, remarcó que «no se puede nombrar un virus por su origen. Se nota que Estados Unidos lo está usando y eso puede ser una manipulación para mucha gente».  Más allá de la repetición constante, la escritora opinó que «el pueblo argentino es abierto, pero que la discriminación es un tema  que muestra como la violencia existe en cada rincón del mundo» y agregó: “ahora también aquí pasa están discriminando a médicos”.

Nuevo patrón.

Sobre esta última afirmación, una de las cosas que más le llamó a los funcionarios del INADI es el nuevo patrón que descubrieron. Durante el mes de abril, las historias  de profesionales de la salud increpados por vecinos se contaron de a decenas. Carteles, cartas y mensajes por whatsapp.

Sobre este tipo de discriminación, Zayat confesó que los «sorprendió» el tema de los profesionales de la salud.  «Era algo que no teníamos y que empezamos a trabajar», agregó. Bajo esta misma idea, añadió que los patrones mutaron con el correr del aislamiento un grupo que fuese sumó a la lista son los que tuvieron la enfermedad y se recuperaron.

En los últimos días se conoció la historia de Andrea Meolla, una policía de 31 años que se recuperó de la enfermedad después de someterse a todo el tratamiento y de haber estado internada en Río Negro. El caso fue revelado por Infobae y a ese medio la mujer contó que sufrió la estigmatización de sus compañeros de trabajo y de vecinos.

En este sentido, el funcionario del INADI sostuvo que la situación los hizo pensar a lo que pasaba con las personas de VIH a principio de los 80.  «Como no hay información, no se les quiere hablar, no se quiere que vuelvan al trabajo. Como si tuvieran una peste».

Discriminación a familias monoparentales. 

En las últimas semanas, con más de un mes de aislamiento social obligatorio, el INADI empezó a notar que se generó un nuevo patrón de discriminación por parte de supermercados o instituciones que poseen permiso para permanecer abiertas. Las familias monoparentales han sido víctimas de escraches, de violencia o inclusos de señalamiento por parte de las fuerzas de seguridad.  “Una mamá o un papá con su niño pequeño puede salir a comprar o moverse. No tienen por qué dejarlo con un vecino. Eso rompe el aislamiento”, indicó Zayat.

Sobre este tema en particular, existen casos de excepción cuando madres o padres tienen una necesidad y no pueden dejar a los hijos con nadie, las familias pueden salir siempre y cuando las medidas de cuidado estén extremadas. (El Destape)

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