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El uso de perros para acompañar a niñas, niños y adolescentes durante procesos judiciales es una práctica que se aplica en Estados Unidos, Canadá, Francia y Chile gracias al trabajo de una ONG estadounidense que esta semana brindó una capacitación para que Argentina se sume a la experiencia, por iniciativa de la organización local Bocalán.

Ante un auditorio con un público mayoritario de profesionales del derecho y personal judicial, Ellen O’Neill-Stephens y Celeste Walsen, directivas de la asociación sin fines de lucro Courthouse Dogs Foundation, explicaron en Buenos Aires el proceso para incorporar a los juicios perros de soporte para asistencia judicial.

La idea de sumar animales en procesos judiciales donde están involucrados menores de edad y personas en situación vulnerable fue de O’Neill, que es abogada y fue fiscal.

Tuvo su primer contacto con un perro de asistencia a través de su hijo Sean, que tiene parálisis cerebral, y quien en 2003 recibió al Labrador Retriever, Jeeter.

«Vi la relación de amistad que entabló mi hijo con Jeeter y el aporte a su calidad de vida. Yo era fiscal de la Corte de Drogas del Condado de King (Seattle) y pensé que muchos adolescentes disfrutarían tener un perro para abrazar y jugar mientras esperaban sus audiencias. Además de ser adictos, muchos de estos niños provenían de familias disfuncionales y estaban emocionalmente descuidados», contó a Télam la profesional.

Así, hizo su primera experiencia en el juzgado donde trabajaba, y para 2004 creó la Fundación con el objetivo de «usar perros para brindar apoyo emocional en el sistema de justicia penal», añadió.

Ahora «hay 218 perros en Estados Unidos en 39 estados, 45 en Canadá, cuatro en Europa, uno en Australia y tres en Santiago de Chile», explicó Walsen.

«Nuestra propuesta es que se comience en cada lugar con un programa pequeño y exitoso, para que luego se replique. Tenemos mucha esperanza de que Bocalán pueda lograrlo en Argentina, donde nos sorprendió gratamente la buena recepción de nuestra propuesta por parte de abogados y jueces», destacó la psicóloga.

Walsen mostró su satisfacción durante el encuentro en Argentina «porque muchas veces nos pasa que hay personal de Justicia que se retira del auditorio».

Cuando comenzaron el programa de perros de soporte para asistencia judicial «hubo problemas. Los jueces son muy tradicionales. Y claramente no son proclives a generar innovaciones», analizó la directiva.

Pero una vez que vieron el impacto positivo de los perros en niños víctimas de abusos sexuales o testigos de ese delito «comenzaron a aceptarlos».

«Nadie quiere niños llorando en el estrado a la hora de declarar. A los jueces les preocupa que los perros estén en calma, que no ladren, muerdan, por eso solo se aceptan los que son entrenados por entidades acreditadas por la Assistance Dogs International (ADI)», detalló Walsen.

En Estados Unidos el circuito funciona así: organizaciones que pertenecen a ADI entrenan a los perros de soporte, la Courthouse Dogs Foundation capacita al personal de juzgados, a abogados, y a personas que trabajan en centros de víctimas de violencias, y los poderes judiciales adoptan este programa especial.

La ONG ya logró que «en 10 estados se promulgaran leyes específicas sobre el uso de perros en las cortes, procesos donde asesoramos», resaltó la especialista.

Por ejemplo, cuando una niña o niño debe testificar en el estrado por ser víctima de abuso, el perro entrenado está echado a sus pies y «antes de entrar en la sala suelen jugar, y cuando terminan de testificar lo común es que los pequeños se abracen al animal», relató Walsen.

En Argentina, Bocalán está en proceso de ser acreditada por la ADI para comenzar a implementar el programa en el país. (Télam)

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