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El denunciante del sacerdote Hugo Pernini rompió el silencio en diálogo con Diario Textual y reveló detalles escalofriantes de los abusos sexuales sufridos cuando era un adolescente. “Es un depredador sexual y fui su presa”, contó. Además, dijo que hubo complicidad u ocultamiento por este y otros abusos a otros jóvenes por parte de los obispos Reinaldo BrédiceMario Poli -actual jefe de la Iglesia argentina y mano derecha del papa Francisco- y Raúl Martín.

Alberto -nombre ficticio, porque ha pedido por el momento mantener en reserva su identidad- hoy tiene 29 años. Hace unos días hizo una denuncia penal que generó un tembladeral en el Obispado: dijo que fue violado cuando tenía entre 15 y 18 años de edad.

 

Su denuncia se sumó a las acusaciones a un cura de Victorica -que ya fue condenado a 5 años de cárcel- y a otro de Intendente Alvear. La Justicia ya hizo allanamientos y ahora se espera que, en una semana, el cura sea «formalizado»: se le informará de qué delitos se lo acusa.

El joven santarroseño contó que había ingresado al Grupo Espíritu Santo de la Iglesia de Luján, en la calle Lope de Vega. “Yo venía de una familia de católicos, iba al colegio secundario y mi mamá me sugirió que me sumara a ese grupo”, dijo.

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“Con el tiempo, me di cuenta de quién era el padre Hugo. Enseguida, me fichó como la próxima víctima o, en realidad, presa. Porque es un depredador sexual”, dijo. “Todo hombre, adolescente o niño que había ido a la Iglesia de Luján, sabía. Nenes diciendo a las madres que no los lleven a la iglesia porque el padre Hugo los subía a su casa. Era vox populi de toda la comunidad que iba a la iglesia. Ha cometido muchos abusos y la gente de Santa Rosa lo sabe, pero no lo quiere denunciar. Así tuvo 30 años de impunidad”.

-¿Por qué decís 30 años de impunidad?- le consultó Diario Textual.

-Llegó de San Juan hace unos 30 años y fue a la Catedral. Yo conozco casos de abusos ya en la Catedral, ni bien llegó de San Juan. Luego fue destinado a la Iglesia de Luján y ahí fue como que se cebó: no tuvo control. Obviamente todo en complicidad de los obispos.

No hubo, hasta la que hiciste vos, denuncias penales, ¿pero internamente hubo denuncias ante los obispos?

-Acusaron a él ante los obispos, como (Rinaldo) Brédice y (Mario) Poli, pero nadie hizo nada. Madres que iban y denunciaban lo que había pasado y quedaba todo en la nada.

-¿Cómo fue el acercamiento y cómo la manipulación para abusarte?

-Los grupos se reunían los sábados, a las 10 de la mañana. Un sábado falté, porque había fallecido mi abuelo y a la otra semana tuve un fuerte cuestionamiento. Me cuestionó muy violentamente por mi falta. Así me hizo sentir culpable. Eso fue apenas yo ingresé, antes del mes. Y luego te hacía entrar en confianza y empecé a ir más seguido. Empecé a ir en la semana. Hasta que después empezaron los abusos.

-¿Cuándo empezaron?

-Entre los seis y los nueve meses. Empezaron con abusos psicológicos y sexuales simple y luego más agravado: abusos con penetración.

-¿Dónde se cometían?

 

-En la casa de él. Generalmente en la noche y la madrugada.

-¿Cuándo decidiste irte de esa iglesia?

– Yo iba a una psicóloga y ella me recomendó denunciarlo. Yo no quería que mis padres supieran, porque me daba mucha vergüenza y culpa. Yo no lo hice, pero me fui de la ciudad y nunca más volví a la iglesia. Los abusos duraron unos dos años. El me siguió buscando, por redes sociales. Lo intentó, pero no…

-¿Cuándo se enteraron tus familiares?

-Primero, en 2011, mi hermana. Y hace unos tres años o dos años y medio, mi madre. Mi mamá fue a hablar con el actual obispo (Raúl Martín) y decidieron trasladar al cura: de la Iglesia de Luján a la Iglesia Sagrado Corazón.

-¿Qué le dijo?

-La trató mal. La trató de loca. La destrató.

-¿Alguna vez hablaste con Poli?

– En 2011. No mostró ningún tipo de empatía ni solidaridad. Yo tenía 21 años, cuatro años después de terminados los abusos. Me preguntó si estaba bien. Me dijo que fuera a un psicólogo y que fuera feliz. Me di vuelta y me fui. Me sentí peor de lo que estaba. No hizo nada, ni lo trasladó. Poli fue el peor, para mi. Me defraudó. Y quiero decir que, antes, con Brédice, fue un viva la pepa: los curas gozaban de impunidad. Y los otros obispos replicaron ese modelo de Brédice. Todos sabían. Yo necesito que la sociedad reaccione y los que han sido abusados, denuncien.

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