A los 17 no se puede decidir lo que se hará hasta los 50. Es mejor decir: “Hoy, responsable y comprometidamente, elijo esta carrera”.

Juan está cursando los meses finales de quinto año del secundario. Y ya sabe y lo ha dicho que el 2016 lo encontrará estudiando kinesiología en la Universidad de Córdoba. Hasta hace pocas semanas su plan era irse a Bahía Blanca porque la ingeniería que a él le interesaba se dicta ahí.

Pero cuestiones importantísimas ocurrieron en su vida: a) su novia finalmente se decidió ir a estudiar a Córdoba, b) muchos de sus amigos ya no se van a ir a Bahía y c) “kinesio parece más copada que ingeniería”. Los padres de Juan, de más está decir, están en llamas. No les convencen los argumentos de su hijo de 18 años.

Estos meses se viven así en muchísimos hogares donde hay hijos que están egresando del secundario, que tienen la posibilidad de seguir estudiando en la Universidad, que hoy quieren una cosa y mañana otra y donde los padres meten presión a fondo para que afloren las decisiones y se mantengan en el tiempo.

Lo primero que hay que hacer es “desdramatizar”. Este es el consejo de Carlos Arroyo, un experto en técnicas de desarrollo intelectual. “La elección de la carrera es un momento tenso porque se considera crucial: grave error, ya no lo es tanto”, dice este español en un reciente artículo en El País. “Es que la elección de carrera no se hace desde edades tempranas, no se siguen obligatoriamente tradiciones familiares, no existen tantas fervientes vocaciones, la relación entre estudios y trabajo es más laxa, se han relajado las costumbres y diluido la autoridad paterna. Aunque puedan seguir existiendo casos como estos, el nuevo paradigma apunta hacia contemplar también los deseos de los hijos. Eso sí, conviene no dejarlos totalmente a su libre albedrío, así que hacer equilibrismo entre ambas posturas, la autoritaria y la libérrima, no es nada fácil”, agrega Arroyo. ¿Cómo guiar a los hijos en una decisión tan trascendental?, entonces.

La roquense Diana Martín -doctorada en Educación (UNCórdoba), exdecana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNC en Cipolletti y orientadora vocacional- subraya que estos meses para los futuros egresados de quinto año son difíciles y estresantes por varios motivos. “El espectro de carreras y de ofertas educativas hoy es tan amplio que tomar decisiones cuesta mucho, por un lado. Por otro, los estudiantes están con muchas actividades como evaluaciones, entrega de trabajos, tesinas en algunos casos, están esperando con ansias entrega de diplomas, despedidas, bajadas, viajes de egresados…”.

Entonces, en este contexto, reflexionar sobre lo que harán en los próximos años resulta complejo y pareciera que “no tienen tiempo” de analizar esta nueva etapa de sus vidas, afirma Martín.

Por otra parte, las familias también quieren organizar sus vidas a partir de la decisión de sus hijos. “Cada uno tiene su tiempo y muchas veces el tiempo de los chicos no es el mismo que el de los adultos”, recuerda Martín.

-¿Por qué sí o sí los chicos tienen que ir a estudiar ni bien egresan de quinto año? ¿No podrían trabajar un año, por ejemplo? ¿O tomarse un año sabático de estudio y trabajar?
-No acuerdo con el año sabático y te digo por qué: una vez que comienzan a trabajar es muy difícil que vuelvan al estudio. La independencia económica a la que todos aspiran se ve alcanzada y saben que si dejan de trabajar vuelven a depender de sus padres. ¿Mochileros? Obviamente que no es bueno pasar todo un año como mochilero. Por supuesto que podrán hacerlo en sus vacaciones de verano, que les permitirá ponerse las pilas y empezar la Universidad o el Instituto Terciario con ganas y deseos también -responde Martín a “Río Negro”.

“Hay que perder la obsesión por acertar porque en el futuro puede pasar cualquier cosa”, insiste por su parte el español Arroyo. Y da algunos tips más que saludables para estos días:

• Que la tensión de elegir una carrera no se convierta en un lastre para las relaciones familiares ni deteriore los vínculos afectivos. Cuando el afecto se pone sobre la mesa es mala cosa. En el momento de la elección de la carrera es cuando sale a la luz si las relaciones en una familia son sanas o no.

• Las familias saludables negocian y llegan a acuerdos. La adolescencia es algo así como “un estado de psicosis socialmente aceptada”, y ve con buenos ojos que los hijos se rebelen contra la autoridad paterna, porque “forma parte de su proceso de individuación”. Eso sí, los padres tienen que ejercer cierta autoridad, asesorar, servir como guía. “Lo que no puede ser es el otro extremo al autoritarismo: que los padres se desentiendan de este proceso”.

• “Siempre que haya negociación es bueno porque no se pone en juego el vínculo afectivo. Y es normal que no haya consenso a priori, no tiene por qué haberlo, lo bueno es que se negocie y se llegue a acuerdos”, explica el psicólogo. “Si existe una tradición laboral familiar, como en familias de varias generaciones de médicos o abogados, seguirla puede tener muchas ventajas para el estudiante: heredará conocimientos, prestigio y contactos. Pero si el joven decide emprender otro camino, habrá que respetar su decisión: la tradición no obliga”.

• “Hay que pedirles que reflexionen mucho, que traten de conocerse bien. Que tengan en cuenta lo que se les da bien, pero también aquello que puede hacerlos felices en el futuro, que al final es lo que cuenta. Conviene transmitirles serenidad y confianza, y prestar atención a sus sueños, habilidades, aficiones o perspectivas para el futuro”.

• “También los padres tienen sus deberes: informarse y no dejarse engañar por los estereotipos de las carreras con prestigio y salidas laborales: hoy en día la situación es muy cambiante y ser abogado, médico o ingeniero no garantiza mucho o todo. Y además, cada vez más, a la hora de la contratación, se valoran otras facetas además de los estudios. Cosas como las habilidades paralelas, el estilo personal, la versatilidad o la experiencia no profesional”.

-¿De qué síntomas de los chicos debieran estar atentos los padres en estos momentos de gran decisión?

-No nacemos con una “vocación” definida sino que ésta se va construyendo a medida que vivimos: en una familia, en un grupo de pares, en las instituciones educativas, en una comunidad barrial, en un club, todas estas organizaciones forman parte del entorno en el que cada estudiante se va constituyendo y a su vez construyendo su “vocación”. Los padres juegan un papel fundamental en estos momentos de decisión. Claro que no voy a dar ninguna “receta” sino que podría reflexionar junto con ellos: la observación es uno de los instrumentos que más a mano tienen los padres, durante la vida escolar de sus hijos, pero fundamentalmente en la escuela media: intereses, preferencias, actividades, gusto por determinadas asignaturas, películas, medios informáticos, onda con docentes, son algunos de los aspectos posibles a ser observados.

Pero hay una herramienta fundamental que es el diálogo. Por cierto, en la adolescencia y juventud resulta difícil sostener momentos de diálogo constructivo… pero, bueno hay que intentar y disponerse para el momento oportuno y dialogar, sostiene Diana Martín.

Y concluye la roquense: “Hoy no podemos hablar de una carrera para ‘toda la vida'”. “Toda la vida” asusta, inhibe, atemoriza al que tiene que elegir. A los 17 o 18 años no puedo elegir para saber qué haré cuando tenga 50. Entonces, digamos mejor “hoy responsable y comprometidamente elijo esta carrera”. Sabemos muy bien, que actualmente muchos profesionales con una trayectoria laboral importante, dejan ese ámbito y encuentran otro en el que se pueden expandir y expresar mejor. Entonces… el “para toda la vida” es una frase que tenemos que desechar absolutamente.
Horacio Lara hlara@rionegro.com.ar

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