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Los modelos son eso: pretenden predecir lo que ocurrirá en base a supuestos de cosas ocurridas en el pasado. Pero es muy difícil acertar sobre los efectos que dan las particularidades sociales. Puede fallar.

Para quienes trabajamos en epidemiología la experiencia de la pandemia de coronavirus es un ejercicio práctico fascinante. Para dar clases en nuestras cátedras, desde internet en estos días, con ejemplos de hoy. No tenemos que hablar del hantavirus y del SARS que vivimos hace unos años, ni del cólera y la fiebre amarilla yendo un poco más atrás. Ni recomendar leer “La peste” de Camus o mirar en Youtube “Y la banda siguió tocando”, por el VIH (recomendables igual).

Hoy, toda la comunidad puede acceder a proyecciones, modelos matemáticos, curvas y tasas. Todos a la espera del pico de la epidemia, que se nos viene corriendo. Por suerte.

Argentina ha contado con una ayuda invaluable para enfrentar esta situación. Y es ver lo ocurrido con las famosas curvas y sus picos en varios países que, en su conjunto, aplicaron medidas distintas y en distinto momento de la epidemia. Así, se pudo desarrollar una estrategia propia. Vimos los errores ajenos.

Sabemos lo que pasa si no hacemos nada importante (caso Inglaterra o Brasil) o si lo hacemos tarde (caso España o Italia). También lo que pasa en función de distintas culturas y hábitos sociales (caso Japón), cuando hay poderío económico y servicios robustos de Salud (caso Alemania), cuando hacés muchos tests (caso Corea del Sur) y cuando barrés debajo de la alfombra los casos y los muertos. Con eso los epidemiólogos y bioestadísticos construyen modelos matemáticos para predecir lo que ocurrirá según cada una de esas estrategias.


 

covid19 - Catriel25Noticias.com

La cantidad de muertos es un dato que permite hacer comparaciones y diagnósticos precisos de situación. Es el dato de mayor valor. No importan tanto los miles de casos leves como los miles de muertos. Es más difícil esconderlos. Y nos va bien.


Pero los modelos son eso, modelos que pretenden predecir lo que ocurrirá en base a supuestos de cosas ocurridas en el pasado. Pero en los modelos es muy difícil acertar con los efectos de las particularidades sociales: la respuesta de la comunidad a los consejos, las prácticas de saludarse, las ganas de comer un asado con amigos, la disponibilidad de equipos de protección, etc. Entonces, puede fallar.

Me han escrito de algunos países grupos con los que trabajo en Zoonosis para preguntarme si Argentina estaba barriendo los muertos debajo de la alfombra porque no entendían la curva y sus proyecciones. Y la verdad es una de esas veces en que uno se enorgullece de ser argentino. No todo es ganar un Mundial. Los casos y los muertos son los que tenemos.

Los casos pueden variar artificialmente por la cantidad de tests y la búsqueda de asintomáticos o poco sintomáticos, por la definición de caso, por los sistemas de registro, pero los muertos es un dato que permite hacer comparaciones y diagnósticos precisos de situación. Es el dato de mayor valor. No importan tanto los miles de casos leves como los miles de muertos. Es más difícil esconderlos. Y nos va bien. Nuestro presidente, profesor Fernández, lo explica con sencillez y claridad.

Nuestro modelo argentino tuvo algunas ventajas. Un presidente que eligió un sanitarista de ministro (Ginés), con una formación y trayectoria impecable; que eligió una secretaria recontraformada y experimentada (Visoti), y los escucha. Pero los que están formados fueron humildes y convocaron a los mejores de Argentina. Allí la veo a Mirta Roses (exdirectora de la Organización Panamericana de la Salud), Orduna, Cahn… Una enorme cantidad de experiencia y formación. El resultado es que técnicos formados tuvieron la invalorable ventaja de tener apoyo político del profesor Fernández, gobernadores, oposición, intendentes… El saber y la decisión, juntas, dieron lugar a una estrategia que funciona. Hasta acá se salvaron muchas vidas de argentinos. El modelo arrancó a tiempo.

Nos está dando tiempo para el famoso pico. Si el pico se da, tendremos más casos y, sobre todo, más casos graves. Por eso, a todo vapor vemos nuevos hospitales como los de La Matanza, grandes hospitales de campaña como en Tecnópolis, más camas de UTI, más respiradores e incluso más tumbas en Córdoba. Aprestos para lo más duro de la batalla. Mientras sigue la guerra de guerrillas para aislar a los portadores y sospechosos en una carrera contra el tiempo.

Técnicos de la UNRN, Comahue y Conicet nos mostraron con precisión cómo se comportaron los modelos en cada país y estimaron sus proyecciones. Y vemos que en Argentina la curva se aplanó. ¿Qué quiere decir esto?

Este coronavirus es de los virus más contagiosos. Menos que el sarampión, pero más que muchos otros. Un caso contagia, digamos, a 4 (ébola, por ejemplo, solo a 1; sarampión a 8). Entonces esos 4 contagian a 16 y esos 16 a 64 y así sucesivamente, y en poco tiempo son miles. Digamos que de esos el 2% se muere. Los contagios se dan además porque, como nunca circuló antes este virus, nadie es inmune. Somos todos susceptibles al virus. Indefensos sería la palabra.

La forma de terminar con esto es, en ausencia de una vacuna, dejar que se infecte un alto número de personas de forma tal que el virus no encuentre a más huéspedes susceptibles. Los que quedan sin infectarse quedan rodeados de huéspedes que pasaron la enfermedad y quedan protegidos por ellos. Se esconden detrás de los inmunizados. Se llama inmunidad de rebaño. Lo trataron de hacer los ingleses y también Bolsonaro. Un desastre sanitario, pues los muertos son muchísimos y los graves que podrían haberse salvado también se mueren pues no hay camas ni respiradores para tratarlos. El famoso colapso.

La otra opción es esconder a la gente, la también famosa cuarentena (no son 40 días, son menos, el término viene de la época de la peste bubónica, cuando tenían a los barcos 40 días fuera del puerto sin dejar bajar a nadie), entonces el virus circula pero no encuentra huéspedes susceptibles que están guardados en sus casas. Detrás de su barbijo. Pocos muertos.

Lo que ninguno de los modelos matemáticos nos dice, porque no hay datos ciertos en ningún lado para construir el modelo (el modelo argentino es la primera vez que se aplica en una enfermedad que es la primera vez que se presenta) es que ocurrirá si el éxito de nuestra sociedad es total y nunca llega el pico. Puede ocurrir. Tendremos pocos muertos, nos quedará un sistema de salud robustecido y una mayor comprensión social del rol del Estado. Quizás un nuevo nunca más a los que quieran desguazarlo.

Pero tendremos una población que seguirá siendo en su mayoría huésped susceptible. Nuestro éxito nos puede llegar a plantear un nuevo desafío como sociedad. Cómo salir del escondite, sabiendo que los lobos siguen afuera y no tenemos defensa. Nuestro comportamiento social en las fases de ir sacando la cabeza afuera, de a poco, será vital para que sigamos con una curva plana, sin pico y con pocos muertos. Paso a paso. Se puede.

Si el plan lo diseñan los que saben, los que saben montan sistemas seguros de vigilancia para corregir sobre la marcha (vale para la Nación, pero también para los sistemas provinciales de salud que deberían analizar en detalle porque tienen casos y cómo evitarlos en el futuro), los que mandan lo hacen suyo y la sociedad se sigue comportando de esta forma que enorgullece, saldremos de este embrollo. Siempre habrá un lumpen con sus tablas en la camioneta, un irresponsable llevando a su nieto a la casa del abuelo porque lo extraña o un pavote que tiene fiebre y se va a comer un asado con la familia. Que sean los menos. Entonces no serán necesarias las camas de Tecnópolis y las tumbas de Córdoba. Capaz no hay pico, o es un piquito. Igual, un plan para cada cosa.

Como decimos en epidemiología, con información a la acción.

 

Edmundo Larrieu* (Río Negro)

*Exsubsecretario de Políticas de Salud de Río Negro, docente de la cátedra de Epidemiología Salud Pública, carrera de Veterinaria UNRN, Facultad de Ciencias Veterinarias Unlpam.

 

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