pereyra-2017

Negociar se volvió una zona de tensión para el sindicato petrolero. Guillermo Pereyra fue un actor central para cerrar las nuevas reglas laborales para Vaca Muerta. De fondo están los despidos y la espera de más inversión.

Guillermo Pereyra sabe que este juego de hacer equilibrio entre la política y el sindicato tiene sus riesgos. Pero aun así, con un 2016 con despidos a cuestas, el año todavía no parece cerrar para jugar una última carta, que implica reactivar Vaca Muerta luego del parate por la baja internacional del crudo. En el medio tuvo la suficiente muñeca para salir, con algunas esquirlas en el cuerpo, de un fuego cruzado entre el plan del presidente Mauricio Macri y la resistencia de los trabajadores, acostumbrados al período de vacas gordas del esquema petrolero.

—¿Cómo impacta el anuncio de Macri para el sindicato?

Forma parte de conversaciones con el gobierno nacional, Provincia y el sector empresario. Con la caída de la actividad, Nación nos dijo que el camino era recuperar la producción de gas, como consecuencia de la falta de inversiones. Esto se hace a través del diálogo, no hay otro camino. Durante 12 años no tuvimos diálogo y hay que recuperarlo.

—Hubo mucho tire y afloje, se notó de afuera. ¿Qué opina?

Sí, pero lo manejamos con bajo perfil. A partir del último mes se empezó a filtrar algo. Estuvimos meses sin hacer declaraciones.

—En 2013 explotaba Vaca Muerta, ¿cómo hizo el sindicato para cambiar el eje y explicar la crisis?

No fue nada positivo, fue difícil. Se resolvió con creatividad, inteligencia y decisiones políticas. Nosotros entendemos que las horas taxi no se hacen y yo discuto que no es una flexibilización laboral, porque no las hacen en el yacimiento no convencional. El convenio colectivo no se toca. Los compañeros que tenían las horas taxi las siguen teniendo pero no en los yacimientos no convencionales. La gente hace dos por uno (dos días de trabajo y uno de descanso) y rotan y pueden acumularlo. En el convencional sí hay horas taxi. El compañero sale a trabajar a un pozo que está a cien kilómetros y vuelve a los cinco o seis días. Trabaja, está a la espera, se va a dormir y sigue cobrando porque está afuera de la casa a disposición de la empresa.

—¿Cómo trabajó con el gobernador Gutiérrez?, ¿consensuaron las medidas o cada uno por separado en forma institucional?

Siempre en equipo. El gobernador, el compañero Arévalo (Manuel, de Petroleros Jerárquicos) y nosotros. Nadie se levantó de la mesa. Hubo un solo caso en el que Arévalo se paró y pegó unos gritos y se fue. Ahí pensaba que se rompía todo. Yo me mantuve en la mesa. Después lo llamé y a las dos horas volvió a sentarse. A la reunión siguiente que tuvimos con Macri en Olivos y el gobernador, el Presidente me dijo ‘ya sé, contame, vos hacés el papel de bueno y Arévalo de malo, ¿no? Lindo juego ese, yo lo conozco’. Y nos reímos, por supuesto. Arévalo es vehemente, pero es así.

—¿Conocía de antes a Macri?

Yo lo conocí en su campaña. Tuvimos una reunión por el tema de la energía con Aranguren (Juan José, ministro de Energía) y Jorge Triaca. Intercambiamos muchas opiniones sobre la energía. Con Aranguren nos conocemos hace más de 25 años de Shell y no tengo problemas.

—¿Qué pasa con Schlumberger y Halliburton? Los trabajadores dijeron que en febrero podrían liquidarse con descuento en otras empresas.

Yo pregunto por qué. No hay recortes. Hubo sueldos mal liquidados y no cabe la menor duda.

—¿Y se arregló eso?

No todavía. Pero nadie puede hacer un paro por cuenta propia, porque sabemos cuál es el final. Nadie vino al sindicato porque le liquidaron mal. Ni con los delegados querían hablar. Porque la idea era formar otro sindicato… Bueno, los entusiasmaron… tipo Zanon.

—¿Un sindicato de izquierda le parece que es viable en el petróleo?

No sé si de izquierda o derecha, pero sabemos cómo iba a terminar todo. Las empresas no lo iban a permitir jamás.

—Macri anunció una revolución del empleo. Pero ¿de qué manera se van a ir subiendo los equipos?

Hay comprometidos equipos. Cuando se firme este acuerdo, que está sin firmar, que se va a hacer el 24 de enero, será ahí donde las empresas van a decir cuántos equipos suben, Pan American, Total y las empresas asociadas. Hay que crear las condiciones para invertir. Una fue haber arreglado con los holdouts y abrir las puertas al mundo.

—Personalmente, ¿cómo cierra el año? Recibió críticas por sus idas y vueltas por la negociación. Pero sobrevivió en este esquema político difícil.

Hemos pasado un año difícil. Se cayeron 33 equipos en YPF. Pero dije que no me iba a quedar al costado de la ruta viendo pasar los compañeros despedidos.

—Si cerrara el acuerdo el 24 de enero, ¿se le pasó por la cabeza como aquella vez, hace un año, de abandonar el sindicato en forma definitiva?

Mire, de eso no voy a hablar porque asumí el compromiso con los compañeros de asumir el gremio. Después vamos a ver, porque la situación está difícil. Y todavía esto no se termina, es un año difícil.

Una copia de Vaca Muerta para Cerro Dragón

Chubut, precisamente el yacimiento Cerro Dragón, será escenario de una réplica de las nuevas reglas laborales que se vienen en el sector, tras el anuncio la semana pasada del presidente Mauricio Macri. Pero el sindicato chubutense que dirige Jorge Ávila no es tan manso a la hora de acatar las órdenes que vienen desde la Casa Rosada. Por el contrario, según especulan, llegar a un acuerdo será complejo. Es que en Cerro Dragón se encuentra el reservorio de petróleo más grande del país, que está en manos de la empresa de capitales nacionales, Pan American Energy (PAE), la empresa británica BP y la china Cnoc.

Un conflicto en ese yacimiento implicaría un retroceso en la producción diaria. Es por eso que la negociación se lleva adelante con una dedicación especial, para evitar alterar los ánimos, tanto de empresarios como de sindicalistas.

En la mesa de negociaciones para “flexibilizar” el régimen laboral está el ministro de Energía, Juan José Aranguren, junto al gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y las principales operadoras de la provincia, como PAE, YPF, Tecpetrol (brazo petrolero del grupo Techint). PAE ya anunció que este año invertirá unos 900 millones de dólares en su formación estrella chubutense, pero el problema podría aparecer en la negociación del nuevo régimen laboral con los sindicatos.

Es que Chubut busca también, como en Vaca Muerta, optimizar la producción en los equipos de perforación y bajar costos de producción por pozo, lo que implica hacer sustentable la actividad en la cuenca chubutense.

El cambio en el régimen laboral es el mismo que se persigue en la cuenca neuquina y que ya aplican algunas empresas: no pagar las horas taxi (traslado hasta los yacimientos no convencionales), trabajar con viento (de acuerdo a un análisis del company man) y la posible reducción de la jornada laboral a 8 horas diarias. Además, se va a aplicar un esquema (que hoy rige en algunas empresas) de jubilar al personal en condiciones de hacerlo con los 13 sueldos. Otro punto es el de la reubicación en distintas tareas dentro del yacimiento como un personal “multifunción”, algo que ya se viene hablando con los sindicatos.

El panorama asoma complejo para el gremio, que aún no sabe de la resistencia que podían ejercer algunos trabajadores, tal cual sucedió en Neuquén con los empleados despedidos de las empresas de servicios especiales Schlumberger y Halliburton. Será un trabajo de diálogo político entre las empresas, el sindicato y el Gobierno, con un contexto más duro, que es el chubutense, con los no convencionales.

Sin embargo, el contexto es más complejo aún, a pesar del anuncio de la quita de las retenciones al la exportación de petróleo anunciada días tras por el gobierno nacional.

Es que se estima que en unos meses, si continúa la tendencia, el precio internacional del crudo se va a emparentar con el denominando barril criollo que subsidia el Gobierno.

Así las cosas, Chubut se convertirá en el escenario de otro “ajuste petrolero”, algo que no sorprende, por las señales de anuncios que vienen dando los empresarios.

Por Adriano Calalesina (La mañana de Neuquén)

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