El Jefe de Estado celebró que las “pepas” incautadas no puedan llegar a manos de alumnos. Una médica psiquiatra especialista en adicciones y una toxicóloga describieron los orígenes, las características y las consecuencias de esta sustancia alucinógena

Mauricio Macri enumeró todo tipo de drogas en el primer párrafo de un comunicado que hizo difundir por las redes sociales: ketamina, metanfetaminas, cocaína, éxtasis y LSD. En el título de su publicación, decide resumir el sentido de su ponencia en las “pepas“: habla de “las ‘pepas’ que incautamos podían ser para el colegio de tus hijos“. El presidente, alineado con la lucha contra el narcotráfico que persiguen las Fuerzas de Seguridad conducidas por la ministra Patricia Bullrich, pronunció un singular mensaje que busca evitar la naturalización de los operativos antidrogas y concientizar sobre el alcance de los estupefacientes.

Pero transmite, en definitiva, una alerta por el destino de las “pepas” incautadas, que eran potenciales productos de consumo entre jóvenes de nivel escolar. “La pepa dejó de ser una galletita con membrillo para convertirse en un cartoncito que por lo general tiene un dibujito y cuya sustancia es psicoactiva“, definió la doctora Marta Braschi, médica toxicóloga y hebiatra del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y Dispositivo Pavlovsky.

Cartones de papel secante con varias dosis de pepa: su consumo es cada vez más masivo

 

Braschi llama pacientes a quienes consumen. “Se comercializa como LSD y es amiga del ácido lisérgico, un alucinógeno descubierto por (químico suizo) Albert Hoffman entre 1943 o 1938. Pero lo cierto -advierte- es que hoy lo que se vende como pepa dejó de ser ésto: empezaron a aparecer otras sustancias sintéticas derivadas de las metanfetaminas y de las feniletilaminas, que son anfetaminas alucinógenas parientes del éxtasis, cuyos efectos, más allá de las alucinaciones que son los más buscados por los pacientes que consumen, empiezan a aparecer otros cuadros clínicos acompañantes, como la taquicardia, la hipertensión, las arritmias, las convulsiones, la hipertermia“.

La doctora Geraldine Peronace, médica psiquiatra especialista en adicciones, ensayó una definición: “El ácido lisérgico es la dietilamida del ácido lisérgico. Es ‘la’ sustancia psicodélica patrón, generalmente semi sintética. Deriva del cornezuelo de centeno, proviene de los alcaloides, y nació en la época del setenta, en el hippismo, pero la realidad es que hace varios años que se utiliza en las fiestas los fines de semana”. “Produce una alteración de la percepción, de la conciencia y de los sentimientos. El mayor riesgo está en los cuadros de alucinación, que es una distorsión de la realidad y que puede ser fundamentalmente peligroso para sí mismo y también para los demás. El mayor factor de peligro es psicológico-psiquiátrico durante el consumo y muchas veces puede ser posconsumo si la sustancia genera flashback, que es revivir la situación de consumo de días atrás”, agregó la profesional.

Una de las formas de consumo es sublingual. También puede ser vía intraocular, que produce un efecto más tóxico y severo

 

Braschi explicó cuál es la forma del consumo de estas sustancias que no son más que gotas volcadas sobre un papel secante: “La vía de administración de estas pepas, conocidas actualmente como pepas anfetosas, es por vía sublingual o bien algunos la utilizan a nivel intraocular. Obviamente el nivel intraocular, más allá de generar un efecto más rápido y tóxico, implica a su vez el daño de la córnea y la imposibilidad de detectar y sostener este efecto, lo que en la guardia genera cuadros clínicos más graves y prolongados”. Explicó, a su veces, que sus consecuencias clínicas son inciertas porque desconocen la naturaleza de la dosis: “Cada cartoncito tiene una dosis diferente de distintos tipos de químicos, incluso hay algunos que tiene una doble gota, con lo cual los cuadros clínicos pueden ser más graves. Un médico no sabe de dónde provienen estas sustancias como para tener la certeza de qué composición tienen, por lo cual los cuadros suelen ser más severos”.

Peronace contó que su consumo ocurre los fines de semana en el marco de una fiesta. “Se vende en forma de cartón, de blotter o papel secante, y también se puede conseguir de manera importada en cápsulas de gel, pero es raro encontrarlo en el país”. Vinculó el aumento del consumo a una situación de depresión económica: “Es una droga muy barata. La dosis de una pepa o cartón se divide en cuatro. Los jóvenes pueden pagar 50, 70 pesos cada uno para comprarse un ácido, una pepa, un cartón, y saben que con un cuartito ‘viajan’ por un plazo de seis horas. Es una droga que en los últimos años ha aumentado su frecuencia en el consumo porque con muy poco dinero pueden tener efectos prolongados y que no discrimina clases sociales”.

En su descripción, la especialista en adicciones aclaró que en la actualidad el patrón del consumo de los jóvenes no es uniforme: lo calificó de una época de policonsumo. “A la sustancia del LSD hay que agregarle que puede estar acompañado por el éxtasis, el alcohol, la ketamina, el cannabis. De manera que hace mucho más riesgoso el consumo”.

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