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El doctor Eduardo López es pediatra infectólogo y jefe del departamento de medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Es, a su vez, uno de los ocho expertos que asesora al presidente Alberto Fernández para el seguimiento del coronavirus en el país. Su visión, su interpretación y su análisis es autorizado y calificado. Para su entendimiento, el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio volverá a someterse a una prórroga: “La cuarentena se debe prolongar porque es así como hay que manejar las cuarentenas”.

“Pero la cuarentena va a seguir”, sentenció López y proyectó una fecha concisa: el 10 de mayo, la misma planificación que estudia el presidente. Sería la tercera postergación de la cuarentena con una extensión de dos semanas. El experto razonó que las cuarentenas más breves no dieron buenos resultados y que las más prolongadas, de alrededor de ocho semanas de aislamiento, son las que mejor respuestas obtuvieron y sobre las cuales se pudo asentar una suavización de la medida. “Se está planteando la flexibilización por provincia o por municipio, aunque no en el Conurbano bonaerense ni en la Ciudad de Buenos Aires, pero sí en municipios que no han tenido casos como en el interior de la provincia”, aclaró.

Según su análisis, se podrían seguir liberando actividades en regiones específicas para generar productividad y estimular la reactivación de la economía. Pero otras, definifivamente no. “Los ciclos lectivos, las escuelas, las actividades multitudinarias, las grandes reuniones que congregan mucha gente en espacios cerrados o semi cerrados, los aeropuertos y los mayores de 65 años habría que mantenerlos dentro de la cuarentena”, estimó. Asimismo, entiende que, de no mediar ningún salto abrupto en los casos confirmados, no se va a regresar a una cuarentena restrictiva, a la primera fase del aislamiento, cuando los exceptuados por el decreto comprendían a los servicios y trabajadores esenciales.

 

El pico de contagios y el trayecto de la curva fue otro tópico que abordó el infectólogo en diálogo con Radio Rivadavia. “No va a llegar el pico en la segunda quincena de mayo -aseguró-. A medida que se prolonga la cuarentena, el virus pierde transmisibilidad porque no hay circulación de gente, no tiene a quién contagiar. Desde ya, si la cuarentena se extiende hasta el 10 de mayo, creo que el pico se va a correr hasta junio. La clave es que no sea muy alto y que no se sostenga en el tiempo”.

“Argentina va con una curva en ascenso suave, paulatina, donde no hay multiplicación de casos cada tres días como ocurrió en otros países, sino es una curva de duplicación de casos cada doce días”, explicó. Trazó una proyección no alarmista hacia el escenario extremo, la cúspide de la curva, cuando la cantidad de infectados y de muertos por coronavirus haya alcanzado su cresta. “Yo soy cautamente optimista: pienso que va a haber un pico que no va a saturar o colapsar el sistema de salud. Va a ser manejable, va a ser un pico moderado. No va a ser un pico de los modelos de Estados Unidos, Italia, España o Francia”, subrayó.

“La cuarentena no va a desaparecer ni hay que cortarla de golpe, antes y después del pico. Lo que hay que ver es cómo viene ese pico y cuáles son las medidas que aún resguarden a la población”, consideró el infectólogo.

“Los países que utilizaron la cuarentena como mecanismo precoz son Israel y Argentina. En este aspecto, aún no sabemos cómo se va a comportar porque recién estamos a cinco semanas de su comienzo”, reflexionó el especialista. Pero, en base al estudio de los indicadores actuales y la potencialidad de la curva, definió: “Argentina está funcionando de manera interesante. Si puedo mantener esta curva de ascenso, aunque aumente un poco con la detección de más casos, no tengo por qué volver a la cuarentena restrictiva. Si el pico es leve o moderado no será necesario restringir al máximo las actividades”.

El doctor Eduardo López también arrojó una percepción personal sobre la investigación del científico militar Isaac Ben-Israel, presidente de la Agencia Espacial Israelí y del Consejo Nacional de Investigación y Desarrollo. Su estudio concluye que la propagación del coronavirus disminuye prácticamente a cero al cabo de los setenta días, un patrón que no discrimina un hábitat puntual y es independiente a las medidas preventivas que adopten los gobiernos. “Como una visión global, puede ser aceptable. Pero como una visión científica demostrable, puede ser discutible”, criticó.

“España e Italia están cerca de los setenta días y, si bien vienen bajando, no caen a cero. Toda curva descendente de una pandemia tiene una caída suave hasta desaparecer, pero nunca son abruptas como las gripes. Esto va a depender mucho de los rebrotes. Hay actividad del virus residual, no de la magnitud de la fase aguda, que lo hace permanecer en el tiempo”, consideró.

En su apreciación, apela a los efectos de los brotes de la enfermedad como argumento de refutación: “Si no no aparecerían los pequeños focos de brotes que ahora tienen Japón y Corea del Sur. Porque siempre hay actividad residual en toda pandemia. Que esa residualidad no sea muy alta depende de la cantidad de individuos que sin darse cuenta se contagiaron de la enfermedad e hicieron anticuerpos”.

Sobre los enfermos que pudieron haber desarrollado anticuerpos contra la enfermedad sin haber advertido sintomatología, el infectólogo del Hospital Gutiérrez rememoró las conclusiones de una investigación sobre la circulación anónima de la Gripe A. “Cuando fue la pandemia de 2009, hicimos un estudio que se publicó afuera en el cual estudiamos chicos que no habían presentado síntomas. El 40% de los analizados tenían anticuerpos contra el virus H1N1 pero no habían manifestado ningún síntoma ni se habían enterado”, comparó.

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