(C25N) Este martes cerca del mediodía, personal del Cuerpo de Investigaciones Judiciales dependiente de la Unidad Regional Quinta de Cipolletti, con la colaboración de la policía de Catriel, procedió a la aprehensión en la vía pública de una persona de sexo masculino, oriundo de la Provincia de San Juan.

Según se explicó, Jesús Antonio Mereles, tenía solicitud de Captura relacionada a una causa por delitos contra las personas (Abuso sexual agravado por el numero de personas y homicidio agravado para ocultar la violación), hecho ocurrido en 2.003.  El prófugo fue ubicado en un domicilio de calle Alaska de esta localidad. La policía estaba tras los pasos de Mereles y tenía pistas firmes. Desde hace un mes realizaron investigaciones en algunas empresas de servicios petroleros (Area Medanito) ya que trabajaba en la zona.

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Permanecerá detenido en la comisaría de Catriel hasta que se conozcan nuevas directivas.

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Archivo 2.019 – LA CAUSA:

La violación y asesinato de Antonia: un condenado, un prófugo y un tercero que zafó

 

Fue un femicidio que ocurrió en 2003. Ella tenía 17 años. Fue a un boliche y a la salida pidió a un conocido que la acompañara a su casa. Ese hombre la llevó a una trampa de la que no salió viva.

Qué podía pasarle, si en Media Agua se conocen todos. Pero una noche de 2003, salió de su casa para divertirse en el boliche del pueblo y fue lo último que hizo en su vida. Ocho días después la encontraron violada y muerta en un canal en las afueras de la villa cabecera de Sarmiento.

La trágica historia de Antonia de los Ángeles Brizuela se inscribe en otro caso de femicidio que sacudió a San Juan por aquellos años. Un crimen que, en parte, sigue impune. Es que la justica no llegó del todo: sólo uno de los asesinos está preso cumpliendo condena. Otro de los homicidas permanece prófugo y un tercer sospechoso nunca llegó a juicio.

Antonia era una bella jovencita de rulos castaños claros y delgada, hija de “gringos” y trabajadores rurales de la zona de Colonia Fiscal. Una adolescente que quería probar lo que era ser joven y divertirse, que como muchos chicos de Sarmiento cada tanto concurría al boliche La Valentina en Villa Media Agua. La noche del sábado del 31 de mayo de 2003 ella se puso su mejor ropa, se maquilló y partió con su medio hermano, José Sosa, y su amiga Paola Poblete, dispuesta a pasarla bien. Después se sumó Vanesa, una hermana mayor de Antonia. En la primera hora del 1 de junio entraron al baile y se reunieron con algunos amigos y conocidos, entre ellos un joven con el que supuestamente estaba de novia.

Los relatos señalan que la vieron bailar con ese chico y que más tarde desapareció. La verdad fue que Antonia y el muchacho dejaron el boliche para estar en otro lado más íntimo y a las horas ella regresó sin compañía. De vuelta en el local, se desencontró con sus hermanos y su amiga. Así fue que quedó sola hasta que terminó todo, entonces se paró afuera y entabló charla con un grupo de jóvenes, entre los que estaban Roberto Fabio Menéndez, Jesús Antonio Mereles, Carlos Alberto Arredondo y otro muchacho, al que señalaron como Carlos Andrés Baigorria.

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(Roberto Fabio Menéndez)

El plan macabro

Ahí empezó a prepararse la trama criminal contra la chica de 17 años. La casa de Antonia estaba a varios kilómetros de allí, en Colonia Fiscal, y era muy tarde como para que se fuese sola, por eso le pidió a Menéndez –a quien conocía más-  que hiciera el favor de acompañarla. Jamás pensó que algo malo sucedería. Ellos, por el contrario, confabulaban entre murmullos su plan siniestro.

Arredondo preguntó a Menéndez qué iban a hacer. Este lo apartó y le ordenó que vaya a traer su moto a la casa donde la había dejado y que en 40 minutos lo busque en calle Maurín, cerca del puente Centenario. Esto es cerca del domicilio de la chica. Se pusieron de acuerdo, como si se hubiesen divido las tareas. Uno salió a buscar la moto y otros dos se quedaron cerca del boliche en otro rodado, mientras Menéndez partió a pie junto con Antonia, que caminó ingenuamente sin siquiera imaginar que partía hacia una emboscada y al terrible encuentro con la muerte.

Nunca se pudo saber con exactitud qué pasó en el trayecto. De lo que no quedan dudas es que en inmediaciones de la calle Maurín y el puente Centenario, Menéndez y alguno de sus amigos -que seguramente llegaron por detrás- tomaron por la fuerza a la chica y la arrastraron por una huella. Prueba de esto fue un zapato de la adolescente, que perdió en el forcejeo y cayó sobre ese sendero. Más adelante le quitaron el pantalón y su ropa interior, ahí también se le desprendió el otro zapato, quedaron tirados como testigos mudos del furioso ataque. Después llegó lo peor: la violaron cerca de un canal. Se cree que se turnaron para abusar de ella.

Tal como habían acordado, Arredondo llegó más tarde a ese lugar y escuchó las voces de sus amigos. Entró por la huella y al asomarse donde estaban ellos, vio a Menéndez y a otro de los jóvenes sujetando de la cabeza y los brazos a Antonia, a la vez que Mereles la sometía sexualmente. En medio de todo eso, Menéndez le dio una trompada a la chica para que no se resistiera.

Arredondo contó que les gritó. Los otros lo miraron y en ese instante dejaron de agredir a Antonia. Ella ya estaba desmayada. Mereles y Menéndez se pusieron de pie y con una frialdad tremenda la agarraron como “una bolsa de papa” y la tiraron al cauce como un despojo. Se miraron entre ellos y juraron guardar el secreto, y a bordo de las motos escaparon en dirección a Media Agua. Poco les importó Antonia, cuya vida se fue con la fría correntada en esa noche de otoño.

En la mañana, al ver que la chica no regresaba a casa, su familia se preocupó y empezó a buscarla en los domicilios de los parientes y amigos. La angustia por su destino incierto hizo que luego denunciaran su desaparición en la Seccional 8va. Sin que lo investigadores lo supieran, ese mismo día una niña que caminaba por ese sendero cerca del canal halló el zapato de Antonia. Ella tampoco sabía nada y no le dio interés.

Como no aparecía ningún testigo que aportara datos acerca de quién estuvo Antonia a la salida del boliche, la Policía partió de la hipótesis de que podía tratarse de una fuga de hogar. Aun así, las sospechas de que hubiese otra cosa más grave crecían a partir de las declaraciones de los amigos y su familia, que sostenían que la chica no tenía motivos para marcharse. Además no se había llevado nada.

Los días transcurrieron sin rastros ni noticias de Antonia. Hasta que llegó el 9 de junio. Era de siesta cuando la misma nena que había encontrado el primer zapato de Antonia, salió a recoger leña por el costado del canal. En esos momentos que bordeaba el cauce pisó mal y cayó al agua cerca de un sifón. Cuando manoteó entre la basura intentando salir del canal, tocó un extraño bulto y al fijar su mirada descubrió que era un cadáver. La niña salió espantada y corrió a avisar a sus padres. Al rato llegaron los policías de Sarmiento, los de la Brigada de Investigaciones y los peritos. Era el cuerpo semidesnudo de una chica. Era Antonia de los Ángeles Brizuela. En el rastreo por los alrededores encontraron el otro zapato, el pantalón y la bombacha. Eso eran indicios más que suficiente de que la adolescente había sufrido un ataque sexual antes de morir.

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(Jesús Antonio Mereles)

El reconocido médico forense Alejandro Yesurón realizó la autopsia y la conclusión fue que la adolescente murió producto de una asfixia por inmersión. En otras palabras, ahogada, pero las laceraciones en su espalda revelaban que la habían arrojado al cauce. Todo esto reforzaba la teoría de que estaban frente a una violación seguida de asesinato.

Faltan piezas para armar el confuso rompecabezas y estas surgieron de algunos rumores que empezaron a circular en el pueblo. Un papel clave lo tuvo el entonces oficial Pedro Aballay, que en una charla escuchó unos comentarios que referían que la noche que desapareció Antonia la habían visto con Mereles y Menéndez. Ese policía, por iniciativa propia, concurrió a la casa de Mereles para preguntarle si sabía algo, pero no logró ubicarlo.

El 24 de junio de 2003, dos días después de que visitara la casa de Mereles, ese mismo oficial recibió una carta escrita de puño y letra por ese joven en la cual daba una suerte de confesión intentando despegarse del crimen. En ese papel reconocía que aquella noche del 1 de junio vio a Antonia cerca del boliche, pero que fue Roberto Menéndez quien se fue con ella. Agregó que ellos fueron después hasta el canal y que ahí vieron cómo Menéndez tironeaba a la joven casi desnuda. Contó también que éste los amenazó y le dijo que se fueran, entonces él junto a los otros muchachos se retiraron. Y que más tarde vieron pasar a Menéndez solo en su moto por una calle de Media Agua.

Esa carta fue entregada a los investigadores de Homicidios, que el 28 de junio detuvieron a Jesús Antonio Mereles. Para entonces, Roberto Menéndez ya se había dado a la fuga. Otro que ayudó a esclarecer el caso fue Carlos Arredondo, que fue llevado a declarar como testigo y relató que vio cómo violaron y mataron a Antonia. Este muchacho apuntó contra Menéndez y Mereles, aunque nunca quedó en claro cuál fue la participación del tal Baigorria.

La demora judicial

El único que terminó preso por el asesinato en ese momento fue Jesús Mereles, dado que Menéndez fugó a Buenos Aires y permaneció prófugo por largos años. La investigación a cargo del entonces juez Leopoldo Zavalla Pringles, del Primer Juzgado de Instrucción, se estancó. Y fue tanta la mora judicial, que pasado dos años debieron excarcelar a Mereles porque se venció el plazo de la prisión preventiva. Una vez que obtuvo la libertad, éste dejó la provincia y se radicó en el Sur del país. Así, el caso de Antonia Brizuela quedó sin detenidos por mucho tiempo.

El 23 de marzo de 2011, la Policía de San Juan tomó conocimiento a través de la Policía bonaerense que Roberto Menéndez había sido detenido en la ciudad de Quilmes por el asesinato de otra mujer. A los días fue trasladado a la provincia para ser indagado. Luego fue procesado.

En noviembre de 2012, Roberto Menéndez y Jesús Mereles –que tuvo que regresar a la provincia- fueron llevados a juicio en la Sala III de la Cámara Penal y Correccional. En el debate, Carlos Arredondo cambió su declaración inicial y dijo no recordar. Esto igual no alcanzó para favorecer a los acusados, puesto que otros testigos los complicaron.

En los alegatos, la fiscal Leticia Ferrón de Rago pidió que inicien una causa penal contra Arredondo por falso testimonio, además solicitó que envíen el expediente al juzgado de origen para que investiguen el grado de participación de Carlos Andrés Baigorria y a su vez que se detenga de inmediato a Mereles.

El tribunal compuesto por los camaristas Ricardo Alfredo Conte Grand, Héctor Antonio Fili y Eugenio Roberto Barbera condenó a prisión perpetua a Menéndez y Mereles. El primero de éstos fue llevado a la cárcel, no así el segundo que siguió en libertad. Es que hasta que no quedara firme la sentencia, no podía ser detenido porque violaba sus garantías.

Aunque resulte increíble, esta medida legal fue el salvoconducto para que Jesús Antonio Mereles permaneciera un tiempo en San Juan y de un día para otro desapareciera. Hasta hoy no lo pueden encontrar, sigue prófugo. Menéndez es el único que actualmente purga condena por la violación y asesinato de la chica de 17 años. Y sobre la investigación contra el tercer sospechoso, no se sabe qué pasó.

 

 

Por Walter Vilca – Diario Tiempo de San Juan

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