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Meditar: cómo empezar y sus beneficios

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La decisión de empezar a meditar es cuestión de un segundo, cuando nos sintamos listos para entrar en este mundo, no habrá más que informarnos; encontrar un horario donde tengamos la tranquilidad para hacerlo y un lugar donde consideremos que no seamos interrumpidos.

EMPEZAR A MEDITAR CUESTA SOLO UNA DECISIÓN, DESEO Y PREDISPOSICIÓN.

Todos podemos hacerlo. Nuestra cultura occidental cada vez incorpora más elementos a nuestro alcance para que todo se nos desenvuelva más fácil: material de práctica, de lectura, espacios de práctica, charlas públicas y más.

MEDITACIÓN PARA PRINCIPIANTES

Animate a la meditación para principiantes. Luego, vas a poder meditar en cualquier momento y lugar.
La meditación es una práctica de origen oriental, cada vez más aceptada en nuestra cultura occidental, apuntada plenamente a nuestro bienestar físico y mental. Muchas son las personas que cada vez más desean ingresar en este mundo lleno de beneficios y consciencia plena sobre nuestro cuerpo.
Es importante registrar y respetar que al principio puede parecernos, como todo, un mundo nuevo y para adaptarnos habrá que tener paciencia. Seguramente al principio ya empecemos a notar mejorías y más si tenemos en cuenta ciertos consejos propios del principio.

CÓMO MEDITAR

No hay un “manual de instrucciones” respecto a cómo meditar. Lo que si hay son experiencias, aquellas que pueden servir como guía, tanto para aspectos sencillos, como utilizar ropa cómoda y encontrar el espacio físico adecuado, como aspectos más sofisticados.
meditar
A continuación, un «paso a paso» para aquellos aventureros que desean iniciarse. Recuerda, de todos modos, que lo mejor es hacerlo acompañados de meditaciones guiadas que apunten a la concentración plena de nuestra mente.
 

  • Elegir cuánto tiempo queremos meditar. Este punto es importante sobre todo para no excedernos en un tiempo y delimitarnos. Podemos arrancar por 5 minutos, diez o quince, depende lo que sintamos necesitar.
  • Estirar nuestro cuerpo, calentar nuestros músculos. Para sentirnos más cómodos y relajados, si estiramos nuestro cuerpo la sensación será total.
  • Sentarnos en una posición cómoda. Podemos probar con las distitnas variables anteriormente mencionadas, según cuál corresponda a nuestras preferencias.
  • Cerrar nuestros ojos. Este punto es vital porque es el que nos conecta plenamente con nosotros mismos y colaborará en nuestra abstracción de la realidad y la cotidianeidad que nos sucede.
  • Seguir nuestra respiración. Inhalar y exhalar continuamente, ayudando a ejercitar nuestros pulmones y todo nuestro aparato respiratorio.
  • Evadir los pensamientos. Cualquiera sea aquello que nos interrumpa para la concentración plena en nosotros mismos y el aquí y ahora. Rechazar todo aquello que venga del pasado y todo aquello que intente proyectar un futuro.

Estos podríamos llamarlos los pasos básicos, pero existen, también, muchas variables sobre las cuales trabajar. Se puede practicar meditación repitiendo un mantra, visualizando un objeto, caminando, concentrándonos en nuestro cuerpo y visualizando pensamientos o hechos positivos.
Todo lo que queramos trabajar puede complementarse asistiendo a clases, informándonos acerca de la filosofía, compartiendo experiencias con personas que también lo practiquen, escuchando meditaciones guiadas. Pero, por sobre todo, intentando enriquecer todo nuestro ser y hacerlo formar parte del presente y los hechos propios del mismo.

ERRORES COMUNES AL COMENZAR

Si bien para poder meditar como principiante, no son muchos los recaudos necesarios más que la simpleza de estar en calma y cómodos, te contamos los errores más frecuentes para que puedas evitarlos y vivir la experiencia al máximo.

  • Meditar en estados de estrés o nervios. La meditación es una práctica que tiene como herramienta principal nuestra mente y hacernos a nosotros los dueños de ella. Esto significa que tiene mucha importancia nuestra condición mental al momento de meditar. Si estamos en un estado de nerviosismo intenso o muy estresados, poder conectar con nosotros mismos puede llegar a resultar muy complicado, por lo que se aconseja que, previamente evaluemos.

 

  • Meditación en tiempo prolongado. A veces, sobre todo siendo recién iniciados, no es necesario forzarnos a llevar una meditación de largo tiempo cuando lo realmente importante es conectar desde el lugar de la calidad. Muchas veces, una meditación intensa pero de poco tiempo puede resultar más efectiva que aquellas muy extensas.

 

  • Meditar en una posición incómoda o rígida. Es frecuente que en nuestro imaginario se asocie una postura básica o única para la meditación, como la de Buda: la deidad dentro del budismo. Lo cierto es que, el punto preponderante relacionado con la meditación es que nosotros nos sintamos cómodos y estemos relajados.

 

  • Meditar con dolores físicos. A veces, las dolencias físicas fuertes pueden interrumpir la concentración necesaria para practicar meditación. Meditar exige mucho de nuestra predisposición y concentración y si nuestra atención está puesta sobre algún malestar, va a resultar muy difícil llevar a cabo el proceso.

 

  • Meditar siguiendo las indicaciones estrictamente. Muchas veces, nuestro cuerpo no puede seguir a raja tabla aquellos pasos o indicaciones que la meditación propone. No tiene que ser una preocupación central que no podamos seguir algunos pasos o no podamos avanzar. Es difícil sentirnos forzados en un proceso que reclama lo más natural de nosotros mismos.

 

  • No identificar el mejor método que se adapte a ti. Por ser una práctica ancestral, a lo largo del tiempo, se han ido ramificando distintos tipos y técnicas de meditación con la misma base pero distintos enfoques. Como cada cuerpo es un mundo, no todos los métodos pueden sentarnos de igual manera, solo se trata de tomarnos un tiempo para relajarnos, probar y explorar. Explora diferentes opciones, como Trataka, la meditación con vela, que te ayuda a concentrar tu atención.

 

  • No practicar demasiado. Siempre cuando comenzamos algo, el período de adaptación es lo más importante y de nuestra constancia depende el éxito que alcancemos. Si logramos reservar un momento de nuestro día dentro de nuestra cotidianidad, se volverá más fácil como un hábito o rutina que nos beneficiará.

 

  • Meditar después de una gran comida. Para poder llevar a cabo la meditación de una manera óptima, es conveniente que no sea luego de haber comido demasiado, ya que toda la atención que necesitaremos estará concentrada en los procesos digestivos y no podremos estar al 100%.

 

  • La comparación. Un factor común en todas las prácticas es compararnos con el resto de los practicantes. Si están más avanzados o pueden desarrollarse mejor, es algo que no debería de importarnos ni generarnos ansiedad porque nuestro cuerpo puede manejar diferentes tiempos que el del resto.

 

  • No escuchar tu cuerpo. El cambio gradual que ejerce la meditación sobre nosotros y nuestro bienestar merece ser escuchado sobre todo si sentimos que algo anda mal tanto para consultar. (FUENTE: RELAJEMOS)
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