Agustín Mardones es de Catriel, pero actualmente vive en Costa Rica. Allí conoció a su pareja y conformó una gran familia con sus perros Helios, Nuscaa y Rocco.

 

Un joven rionegrino partió de vacaciones por un mes a Ecuador, pero nunca regresó. Estando lejos de su ciudad natal se dio cuenta de que su sueño más anhelado era el de recorrer el mundo. En el camino conoció a quien se convertiría en una de las personas más importantes de su vida, su pareja, y juntos iniciaron una aventura sinigual con la compañía de sus perros. Hoy recorren Centroamérica en una casa rodante, son famosos en sus redes sociales y en la calle la gente no duda en parar para sacarles fotos.

Agustín Mardones tiene 25 años, es de Catriel, pero vivió durante algunos años en Neuquén capital mientras cursaba la carrera de Informática en la Universidad Nacional del Comahue. Durante ese período de tiempo se dedicó a hospedar a jóvenes que venían a la región de intercambio y en una de esas oportunidades se hizo amigo de una chica de Ecuador, quien lo invitó -cuando él deseara- a conocer su país.

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En ese momento, el rionegrino tenía 19 años y comenzó a planear su viaje a Ecuador, siendo este el primero que realizaba completamente solo y sin su familia. El tiempo planeado de estadía era de un mes y el día que se suponía que debía regresar, él decidió cambiarlo todo. Ya se encontraba en el aeropuerto preparado para regresar a Río Negro, pero en cambio le envío un mensaje a su mamá y le dijo que iba a quedarse más tiempo.

Desde allí viajó a Perú, donde todo fue más claro: no era el momento correcto para volver a Argentina. Por esta razón continuó su aventura por todo Centroamérica. Sin embargo, fue en una de sus tantas visitas a Costa Rica en la que conoció a Mirco, un joven italiano que también había emprendido su propia aventura junto a sus perros sobre una casa rodante antigua. Desde ese momento fueron inseparables.

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Una “perro aventura” para la historia

“Cuando lo conocí venía con los perros y la casa, todo junto”, contó el rionegrino, entre risas, y aseguró que viajar con sus amigos de cuatro patas es, hasta el día de hoy, una experiencia maravillosa. En la casa rodante vivieron hasta seis perros, pero algunos -debido a su avanzada edad- se fueron despidiendo con el paso del tiempo, aunque aún siguen siendo parte de la manada en sus corazones.

“Mirco trajo de Europa cuatro perros: dos gran daneses (Helios y Zoe), un dóberman (Teide) y un husky (Tatí). Sin embargo, la hembra de gran danés falleció al poco tiempo y quedaron tres. Cuando llegó a México le regalaron un san bernardo (Nuscaa) que nadie quería porque era sordo, y él lo adoptó. Mientras que durante un voluntariado en un centro de rescate de animales conocimos a Rocco, un perrito sin raza. Es una masa, le decimos la rata sin diente porque perdió uno en una pelea y es chiquitito”, detalló Agustín, divertido.

No obstante, tiempo después la familia sufrió dos grandes pérdidas: la de Teide, a quien le diagnosticaron cáncer de hueso, y la de Tatí, que murió de viejo tras 15 años de viajes por el mundo y mucho amor.

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Actualmente, la banda -a la cual bautizaron “Perro Aventura”- se encuentra integrada por Agustín, Mirco, Nuscaa, Helios y Rocco. “A ellos les encanta viajar. Cuando ya ven que estamos moviendo cosas para resguardar todo suben solitos al bus, se acomodan y miran por la ventana. La gente nos para todo el tiempo para preguntarnos por ellos, sobre todo en las gasolinerías”, agregó.

Durante los viajes, la pareja de aventureros se asegura de que los perros coman lo justo y necesario para evitar que alguno de ellos sufra una descompostura y cada dos o tres horas hacen paradas técnicas para que puedan disfrutar del agua del mar o algún río. En cuanto a Nuscaa, el san bernardo, recibe cortes de pelo bastante seguido para paliar el calor y la humedad del caribe.

Como si fuera poco, la mandada se creó una cuenta de Instagram que tiene más de siete mil seguidores y en la cual reciben incontables consultas sobre cómo viajar con perros o cuáles serán sus próximos destinos para poder conocerlos y sacarse fotos.

Un estilo de vida

Si bien Agustín se gana la vida trabajando como bar tender, junto a su pareja también hacen artesanías para vender e incluso tienen una línea de remeras y stickers con el logo que crearon para el grupo.

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El sueño de la casa sobre ruedas

Cuando Agustín conoció a Mirco tenía una casa rodante antigua con la cual realizaron una gran cantidad de viajes por Centroamérica. Sin embargo, fue en una visita a Panamá en la que se dieron cuenta que las roturas eran cada vez más constantes y que necesitaban algo mejor para poder seguir adelante con sus aventuras.

Una vez de regreso en Costa Rica, la pareja vendió la casa rodante y en enero de 2020 compró un colectivo que cumplía con todas las cualidades que buscaban. Lo llevaron a la casa que alquilaban y comenzaron a convertirlo en su renovado hogar sobre ruedas.

Lo fuimos convirtiendo poco a poco. Mi mamá es carpintera, mi papá electricista y mi pareja sabe mucho sobre madera. Entre mensajes de WhatsApp, fotos, videollamadas y muchos videos de YouTube pudimos hacer la instalación eléctrica. Una vez que sabes cortar derecho ya está, es un montón”, expresó.

Actualmente, el colectivo tiene todas las comodidades necesarias para la familia y hace poco más de un mes cuenta con paneles solares para abastecerse de energía.

“El proyecto creo que lo estamos dando por concluido, nos queda muy poco para terminar. Ahora la idea es intentar cruzar hacia Argentina y finalizar el viaje en Ushuaia. También quiero que conozcan Catriel, pero todavía no estamos decididos sobre cuándo lo vamos a concretar”, concluyó.

Por el momento, la pareja sigue poniendo todas sus energías en renovar el colectivo mientras sus perros disfrutan al estilo de “pura vida”.

(LamañanaCipolletti)

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