Tanto el ayuno como la dieta “keto” son dos estrategias alimentarias que se hicieron muy populares en los últimos años y me parece importante empezar aclarando algo: ninguna de las dos es mágica. *Lic Valeria Vidal
Pueden ser herramientas útiles para determinadas personas, pero no necesariamente son mejores que otras estrategias nutricionales ni son adecuadas para todo el mundo.
¿Qué es el ayuno intermitente?
El ayuno intermitente no nos dice tanto qué comer, sino principalmente en qué período del día comer. Uno de los formatos más conocidos es el 16/8: durante 16 horas no se consumen alimentos con calorías y las comidas se concentran dentro de una ventana de 8 horas. También existen esquemas menos exigentes, como 12/12 o 14/10.
Ahora bien: ¿el ayuno hace adelgazar?
Puede ayudar a algunas personas a bajar de peso, pero no porque después de determinada cantidad de horas ocurra algo mágico en el organismo. Muchas veces funciona simplemente porque, al reducir las horas disponibles para comer, la persona termina disminuyendo espontáneamente su ingesta energética.
Si durante la ventana de alimentación consumimos más energía de la que necesitamos o tenemos una alimentación de mala calidad, hacer 16 horas de ayuno no va a compensarlo.
¿Y qué pasa con la insulina y la famosa “quema de grasa”?
Durante el ayuno disminuye la insulina y el organismo aumenta la utilización de sus reservas energéticas, incluida la grasa. Pero usar más grasa durante determinadas horas del día no significa automáticamente perder más grasa corporal a largo plazo. Para eso importa el balance energético total, la calidad de la alimentación, la actividad física, el descanso y, fundamentalmente, que la estrategia pueda sostenerse.
¿Qué es la dieta “keto”?
La dieta cetogénica es una alimentación muy baja en hidratos de carbono, alta en grasas y con una cantidad adecuada de proteínas. Al disminuir muchísimo los hidratos de carbono, el organismo reduce sus reservas de glucógeno y comienza a producir cuerpos cetónicos, que pueden ser utilizados como fuente de energía. A ese estado lo llamamos cetosis nutricional.
¿Por qué con la keto muchas personas bajan rápido de peso al principio?
Esta es una pregunta muy interesante. Cuando disminuimos drásticamente los hidratos de carbono, bajan las reservas de glucógeno. Y ese glucógeno se almacena acompañado de agua. Por eso, durante los primeros días de una dieta “keto” puede observarse una caída rápida en la balanza, pero una parte importante de esa pérdida inicial es agua, no grasa corporal. Después, para que continúe la pérdida de grasa, nuevamente tiene que existir un contexto energético adecuado.
Entonces… ¿los hidratos de carbono engordan?
No. Eliminar pan, arroz, pastas, papa o frutas no es un requisito para bajar de peso.
Los hidratos de carbono forman parte de una alimentación saludable cuando elegimos adecuadamente su calidad y cantidad. Una persona puede bajar de peso consumiendo hidratos de carbono y otra puede hacerlo siguiendo una dieta baja en hidratos. Lo importante es el patrón alimentario completo y su sostenibilidad.
¿Son estrategias para todo el mundo?
No. Tanto el ayuno como una dieta cetogénica requieren especial precaución en determinadas situaciones: embarazo y lactancia, niños y adolescentes, personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, determinadas enfermedades o personas que utilizan ciertos medicamentos, entre otras.
Además, en personas con diabetes que utilizan medicación, hacer cambios importantes en los horarios de alimentación o reducir drásticamente los hidratos puede requerir ajustes médicos para evitar complicaciones. Por eso no deberían copiarse simplemente porque funcionaron para un amigo o porque alguien las recomendó en redes sociales.
Cuando alguien me pregunta: “¿Qué es mejor: ayuno intermitente, «keto» o una alimentación tradicional?”
Mi respuesta es: depende de la persona. La mejor estrategia no necesariamente es la más restrictiva, la que está de moda o la que hace bajar más rápido la balanza. Es aquella que permite cubrir las necesidades nutricionales, preservar la masa muscular, mantener una buena relación con la comida y, sobre todo, que pueda sostenerse en el tiempo. Porque en nutrición, más que preguntarnos “¿qué dieta está de moda?”, deberíamos preguntarnos: “¿Esta forma de alimentarme mejora realmente mi salud y puedo mantenerla a largo plazo?
























